Cambio climático: La agenda del Inecol frente a IPCC-2013 y COP21-2015, segunda parte

17-02-2016



Alejandro Yáñez-Arancibia

 

Principales conclusiones tras la Cumbre de París y nuestras incertidumbres

Esto puede resumirse de la siguiente manera, con las luces rojas de nuestra opinión:

  1. Se ha llegado a un Acuerdo global con la participación de 196 países, algo único hasta el momento.
  2. Se ha cerrado un texto de 31 páginas. Parece ser un documento de fácil acceso y manejable.
  3. Estados Unidos y China, hasta ahora los eternos ausentes de los compromisos, han aceptado el Acuerdo.
  4. Se desarrolla una serie de medidas para no superar los 2 °C para finales de siglo, pero hace constar que se intentará que no se supere 1.5 °C. [¡Esto es una luz roja!]
  5. No incluye reducciones de gases de efecto invernadero legalmente vinculantes, debido a que cuando se intentó (Protocolo de Kioto entre los años ochenta y noventa) no funcionó y muchos países en 1997 acabaron “desconociendo el acuerdo”. [¡Esto es una luz roja!]
  6. Cada país ha de decidir unilateralmente cuán importantes serán sus reducciones de emisiones. Y si no cumple con su compromiso no se podrán tomar medidas contra ese país. Además, el Senado de Estados Unidos no tendrá que ratificar el Acuerdo de París. Recordemos que eso fue lo que tiró a la basura el Protocolo de Kioto. [¡Esto es una luz roja!]
  7. Se ha renunciado a la ambición de eliminar los combustibles fósiles y se ha cambiado el objetivo por el de compensar las emisiones a partir de 2050. [¡Esto es una luz roja!]
  8. Se dotará a partir de 2020 de un fondo de 100,000 millones de dólares para ayudar a los países pobres a luchar contra el cambio climático. En Copenhague ya se había prometido. [¡Esto es una luz roja!]

La Incertidumbre del sector científico se nutre al revisar los Compromisos de los Principales Emisores de Gases de Efecto Invernadero. Desde 2014 cada gran país emisor ha enviado a la ONU unos compromisos de reducción de emisiones. Por ejemplo:

  • Estados Unidos ha dicho que va a reducir en 2025 un 26% sus emisiones con respecto a 2005. La luz roja que le adjudicamos es que “dice que lo va a hacer”, pero no de inmediato, sino para el 2025 y ese 26% prometido es en comparativo desde el 2005; es decir, como lo era hace diez años.
  • La Unión Europea ha afirmado que reducirá sus emisiones 40% en 2030 respecto a los niveles de 1990; es decir, solamente “lo han dicho”, y en este caso su referente es el año 1990, hace 25 años...
  • China ha comunicado que sus emisiones dejarán de crecer en 2030 y que, para ese momento, 20% de su electricidad vendrá de fuentes limpias. La pregunta es ¿cuáles serán esas fuentes?
  • Brasil reducirá 37% sus emisiones en 2025 tomando como referencia 2005, pero no la referencia de 2015. Es decir, en línea con los Estados Unidos.
  • India aplicará un sistema particular de reducción de emisiones a base de limitar su dependencia de los combustibles fósiles en proporción a la evolución de su Producto Interno Bruto.

Sin duda estos países (o grupo en el caso de la Unión Europea) representan la parte más importante de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo y está claro que aquí estará el éxito o el fracaso de la cumbre de París. El problema es que si estos compromisos auto-impuestos se cumplieran, la subida de temperatura al final del siglo estaría en el entorno de los 3 °C o más (IPCC-2013), lo que está muy por encima de los 2 °C marcados como límite y sería el doble del objetivo deseable de la COP21 de 1.5 °C.

Debemos confiar en que en los próximos años los objetivos planteados se vean superados ampliamente por la realidad (¡nuestras luces rojas no las apagaremos!), porque lo cierto es que la Tierra ya se ha calentado más de 1.5 °C desde el nivel preindustrial hasta fines del siglo XIX. Si esperamos hasta 2030 para marcar el máximo de las emisiones será tarde para evitar superar los 2 °C a que aspira la COP21. Y en esta incertidumbre, probablemente esa meta no se alcance.

El Acuerdo de París entrará en vigor automáticamente cuando al menos 55 países que representen al 55% de las emisiones lo suscriban. ¡Seguiremos esperando!

Epilogo

¿Por qué a América Latina le preocupa tanto el cambio climático?

Una de las razones por lo que el Acuerdo de Copenhague (COP20) fue considerado un "fracaso" por las organizaciones ambientales latinoamericanas es que, al carecer de efectos vinculantes, el pacto no tendría la suficiente validez que le permitiera ejecutar lo que se había acordado.

Según los científicos, la otra gran diferencia es sobre el tema del aumento de la temperatura global. Fue en Copenhague donde se estableció el límite de 2 °C del que se está hablando nuevamente ahora. La incongruencia es que ese límite se ha fijado muy por debajo de los dos grados centígrados. Y esto raya en lo absurdo.

En Copenhague se fijó que la temperatura no debía aumentar por encima de los 2 oC respecto a la que existía antes de la era industrial (fines del siglo XIX). Y eso tampoco es congruente.

Esta medida también había sido criticada por líderes ambientales que aseguraban que no permitía tomar acciones concretas que redujeran en el corto plazo el calentamiento del planeta.

¿Quién pone el dinero?

El financiamiento de la lucha contra el cambio climático ha sido un tema difícil. En Copenhague se proponía que los países desarrollados debían ponerse la meta de disponer de 100 mil millones de dólares anuales hasta 2020 para ayudar a los países en desarrollo. Eso no fue así. Ahora, ese monto fue comprometido por los países ricos en los días previos a la conclusión del Acuerdo de París, en cuyo texto se insta a los países desarrollados a aumentar su apoyo financiero "con una hoja de ruta concreta" hasta esa cantidad. Además, se les pide aumentar significativamente el financiamiento dado, para la adaptación ante el cambio climático, un tema clave para los países en desarrollo.

Por todo esto es que los científicos lo tomamos con mucha incertidumbre.

Cuando en la comunidad académica que ha atendido los cuatro Coloquios internacionales sobre cambio climático (Inecol-2007, Inecol-2008, Inecol-2012 e Inecol-2014) sostenemos este planteamiento, no podemos ignorar indicadores verdaderamente preocupantes.

La COP21 se ha desarrollado al momento en que el planeta Tierra tiene casi ocho mil millones de habitantes. Para el año 2050 la explosión demográfica alcanzará los nueve mil millones de habitantes (o más); el agua dulce en volumen actual es menos de 3% de toda el agua dulce de la Tierra, está cada vez más contaminada y no alcanzará para sostener la vida de nueve mil millones de humanos. Para entonces, el suelo fértil no llegará ni a 10% de la cobertura de los continentes, la crisis energética se intensificará por el agotamiento de los carburantes fósiles, las enfermedades epidémicas se incrementarán a nivel de pandemia, la cobertura vegetal original del planeta no rebasará 20% de la geografía mundial, los 25 recursos pesqueros que implican 85% de las capturas mundiales no tendrán capacidad de aportar biomasa útil para el hombre. Los niveles de contaminación de agua, suelo, atmósfera serán inmanejables... Ante esta situación, el aceleramiento del calentamiento global por el cambio climático intensificará todos los escenarios de drama. A partir de 2012 la concentración del CO2 en la atmósfera ya rebasó las 400 ppm [esa es la luz roja más seria para la civilización].

Desde el punto de vista antropocéntrico, lo que está ahora en el umbral de riesgo severo no es el planeta Tierra, sino la civilización, entendiéndose como civilización a la organización humanística, cultural, científica, tecnológica, social, económica, política y espiritual que el hombre ha diseñado para su acomodo en la Tierra.


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