Trabajo infantil, problema por atender y disminuir

20-10-2015



Por Jessica Adilene Tamayo Castillo

"Qué viva fantasía la de sus juegos.
Él era el lobo, el padre que pega, el león, el hombre de largo cuchillo
". 
[Fragmento del poema El niño raro por Vicente Aleixandre]

El término de “trabajo infantil” puede considerarse a través de dos vertientes: una primera que atenta contra los infantes y los perjudica de manera física-emocional y otra que es vista con un fin positivo. En general, el trabajo infantil se considera como todo acto laboral que priva a los menores de disfrutar esa etapa y desarrollarse de manera plena. Sin embargo, cuando se habla de niños ligados a actividades que se supone que los adultos deben realizar, es cuando podemos percatarnos de que los menores de edad no gozan, precisamente de toda esa protección (seguridad). Y esto es algo con lo que se ha cargado desde mucho tiempo atrás.

Desde un contexto histórico, que los niños trabajaran era algo comúnmente aceptado, pues se valoraba y se consideraba una experiencia propia, esencial de su crecimiento, lo que provocó que se destacara a los trabajadores infantiles como actores sociales: los niños debían contribuir a la economía familiar y la ventaja de emplear a los niños consistía en que ellos tenían fácil acceso a lugares reducidos, podían pasar gran número de horas agachados o de rodillas, además de que se les podía pagar poco o nada. Pese a ello, lo ganado era suficiente para llevar a casa azúcar, café, manteca o pulque, guardando algunos centavos para diversiones como el cine o las carpas de circo. 

La formación de oficios se integraba en las escuelas con la finalidad de formar individuos esencialmente prácticos. Los niños se consideraban una obtención valiosa que, generalmente, se desempeñaba laborando en vías públicas, talleres o ejercicios domésticos, pero pocos recibían atención médica trabajando en condiciones desfavorables.

Hoy en día, para reflexionar sobre el asunto de niños trabajadores debemos cuestionarnos ¿por qué los niños laboran? Se podría decir que las razones no han variado; es decir, todas son impulsadas por una necesidad: ya sea por pagar la escuela o lo relacionado con gastos para sustentarse en el futuro. Sin embargo, esta problemática desencadena consecuencias que conllevan una serie de males generales: deserción escolar, analfabetismo, enfermedades y desigualdad social.

A nivel internacional, el trabajo infantil sigue vigente en diferentes puntos. Las instituciones arrojan cifras alarmantes que no pueden pasar por alto:

  • La Organización Internacional del Trabajo estima que en todo el mundo alrededor de 215 millones de niños menores de 18 años trabajan tiempo completo.
  • Las regiones de Asia y el Pacifico tienen 78 millones de niños trabajadores, el mayor número a nivel mundial que va de un rango entre los cinco a los catorce años.
  • En América Latina y el Caribe existen trece millones de niños en situación de trabajo infantil.

Ubicándonos en un contexto más específico, en Baja California Sur se han registrado datos que arrojan una mínima reducción en cuanto a este problema. Ignacio Salazar, subsecretario de Prevención Social del gobierno federal afirmó que “[…] aunque persiste el trabajo infantil, se ha disminuido considerablemente en los últimos dos años, logrando ubicarse de la posición número 21 que se tenía –donde 1 es la mayor tasa de ocupación infantil en el país—, se movió a la posición número 27; es decir, pasar de 14 mil 77 en 2011 a 10 mil 400 en 2013”. 

Afortunadamente, se han implementado soluciones que bien podrían ayudar en la reducción de esta problemática, empezando por medidas como recibir una educación de calidad; ampliar la cobertura de un seguro popular a los niños en situación de calle, y generar políticas públicas de protección a niños trabajadores; aunado a lo anterior, el Programa Internacional para la Erradicación de Trabajo Infantil (IPEC), creado en 1992, se ha dado a la tarea de ocuparse del asunto a nivel mundial. Aún falta mucho qué hacer en nuestro país, pero empezar por atender y disminuir este problema que atraviesan nuestros niños-adultos es una buena opción, en la medida en que ellos son los herederos de este reino llamado mundo.

Jessica Adilene Tamayo Castillo es estudiante de la carrera de Lengua y literatura en la Universidad Autónoma de Baja California Sur. Contacto: yes_fr90@hotmail.com

Fuentes:

 


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