“Son mis primeros 90, los segundos los usaré mejor.” Entrevista con el médico e investigador Ruy Pérez Tamayo

05-01-2015



Héctor González

Ciudad de México. Los 90 años que Ruy Pérez Tamayo carga sobre su espalda no parecen quitarle ánimo. Aún se levanta todos los días temprano para ir a su laboratorio, juega tenis dos veces por semana y prepara la publicación de un par de títulos. Preocupado por la educación y la divulgación científica, el investigador no vacila en responder que el mejor México que le ha tocado ver es el de Lázaro Cárdenas.

¿Dónde está el secreto de su vitalidad?
Su pregunta proviene del hecho de que tengo 90 años. Mi longevidad es genética, mi madre murió a los 98 años y mi abuela a los 102. Yo me parezco físicamente al lado materno de mi familia, de modo que tengo genes que me permiten seguir activo y jugando tenis a mi edad. En realidad no tengo ningún mérito.

Pero además conserva la curiosidad y la lucidez.
Esto es consecuencia de mi actividad. Si me hubiera jubilado a los 65 años ya estaría en la tumba. No hay nada que estimule más la lucidez que el trabajo. Todos los días llego a mi laboratorio a las 6:30 de la mañana. Después me reúno con mis colaboradores; por las tardes trabajo en casa. Hago cosas hasta las 10 u 11 de la noche. A mis colegas les digo que son mis primeros 90, lo segundos los usaré mejor.

¿Qué es la vejez humana?
Es la pérdida progresiva de las capacidades funcionales. En nuestro caso se muestra en características físicas como la pérdida del color del pelo, los dientes, las habilidades musculares, la agudeza visual. Desde un punto de vista evolutivo la explicación de la vejez es que a la evolución lo que le interesa es la conservación de las especies no de los individuos, por eso perdemos eficiencia.

Trabaja, juega tenis, ¿extraña algo de cuando era joven?
Creo que no, antes no me cansaba pero hoy sí. Juego tenis dos veces por semana en el Club Francés. Ahora nada más peloteo, porque hace dos años me operaron de la espalda y perdí el servicio. Fíjese, juego con mi entrenador desde hace 40 años, el problema es que ya está envejeciendo.

¿La vejez es mental?
Claro, y se nota cuando se empieza a perder la memoria inmediata. A mí aun no me sucede, me acuerdo de todo; sin embargo, tengo conciencia que en algún punto me va a pasar.

¿Tiene un truco para ejercitar la memoria?
Nunca me ha preocupado esto. Siempre tuve una memoria privilegiada, especialmente visual. Cuando era estudiante en primaria me encantaba la historia, con una leída me alcanzaba para pasar el examen.

¿El mejor juego de tenis que recuerda?
Vi los juegos internacionales hasta que murió mi esposa, con quien estuve casado 58 años. Tras su muerte le regalé la televisión a mi nieta porque le perdí interés. Tampoco oigo el radio, así que ahora no me entero de lo que sucede hasta que un amigo me lo comenta.

¿El mejor tenista que vio?
Probablemente a Federer. Bjorg fue un gran tenista pero era otro tiempo; sin embargo, la elegancia y la capacidad física de Federer es impresionante.

¿No tener televisión o escuchar radio le ayuda a la lucidez?
Pienso que sí, me ayuda, sobre todo porque me libera de una serie de informes y noticias que no me sirven. Actualmente estoy muy interesado en mis lecturas; en los dos libros que estoy escribiendo; y en mantenerme en contacto con mis estudiantes. Tengo tres grupos trabajando en proyectos distintos. Hoy puedo decir que invierto mi tiempo en las cosas que me gustan. Para mí, descansar es cambiar de trabajo. Una cosa que me reconforta es escuchar música clásica. Mi padre fue violinista y en casa desayunábamos con Mozart, comíamos con Tchaikovsky y cenábamos con Beethoven; esa tradición la he seguido en casa.

¿Toca algún instrumento?
Mi padre no nos dejó estudiar música. Junto con mi madre quería que fuéramos médicos. Aprendí a tocar el piano a escondidas y de oídas; mi hermano mayor llegó a tocar muy bien la guitarra, y el menor también fue un gran músico aficionado. Curiosamente, todos nos hicimos médicos y solo practicamos la música como afición.

¿Por qué el arte es importante para un médico?
La respuesta es variable, pero al menos para mí la lectura o la visita a museos son importantes para distraerme. Me encanta leer y también la pintura, no dibujo mal de hecho. Varios de mis libros los ilustré yo mismo.

¿Qué es lo que más compra?
Libros, tengo una biblioteca razonable. Para mí un libro es un tesoro y no creo que sean sustituidos por la electrónica. En mi laboratorio tengo una amplia colección de volúmenes técnicos y en casa conservo de historia, literatura, etcétera.

¿Cuál es la mejor etapa de México que le ha tocado ver?
El mejor, la presidencia de Lázaro Cárdenas. En esa época teníamos el sentimiento de pertenecer a un país que despertaba y salía adelante. Aquel fue un gobierno que realmente vio por al pueblo con todo y sus imperfecciones. El peor, creo fue el sexenio pasado, porque descubrimos unos intolerables niveles de violencia. La crisis que hoy vivimos es un reflejo del fracaso de nuestro sistema educativo. La solución a los problemas que enfrentamos no es el Ejército, sino educar a los ciudadanos, cosa que dejamos de hacer. Aún así soy optimista porque creo que ya nos dimos cuenta de cuál es la ruta, solo es cuestión de poner las cosas para corregir el rumbo.

 

Nació en Tampico, en 1924. Es médico patólogo e inmunólogo, investigador, divulgador de la ciencia y académico. Es miembro de la Academia Mexicana de la Ciencia y El Colegio Nacional. Ha cursado estudios en numerosas universidades nacionales y extranjeras; es autor de más de una decena de libros entre los que destacan: Ciencia, paciencia y conciencia, El viejo alquimista, Historia general de la ciencia en México en el siglo XX y Diez razones para ser científico. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1974.

Fuente: Milenio Dominical. 4 de enero de 2015.
 


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