La catástrofe global de la chatarra electrónica

12-01-2015



La realidad es que los desechos electrónicos son hoy un gravísimo problema para el medioambiente y la sociedad.

Por: Lorenzo Martínez Gómez

El Word Recycle Forum es tradicionalmente una reunión de empresas y organismos oficiales y no gubernamentales relativamente conservadores focalizados en la chatarra electrónica. Por lo mismo me sorprendió agradablemente que la presentación estelar de la versión Singapur 2014 estuviera a cargo de Jim Puckett, quien por muchos años fue activista de Greenpeace. Ha sido un distinguido luchador contra la derrama de desechos tóxicos en las zonas más pobres del planeta o los preciados océanos. Todavía más me sorprendió que Puckett pusiera la chatarra electrónica en el tope de la lista de los desechos tóxicos. Como ejemplo de la tenacidad de sus esfuerzos, Puckett mostró en un video un grupo de lanchas rápidas de Greenpeace tratando de impedir la descarga de tambos de desechos tóxicos de un enorme barco en el océano. Las lanchas rápidas se colocaban justo debajo de las grúas de descarga tratando de impedir a riesgo de su integridad física la descarga de los tambos. Los operadores de la descarga sin inmutarse continuaban dejando caer los tambos hundiendo a las lanchas de Greenpeace y lanzando violentamente a los tripulantes al agua.

En lo personal no soy partidario y mucho menos incondicional del ecologismo extremo porque en muchos casos ha causado más daño ambiental que el que se propone impedir. El ejemplo más claro ha sido la lucha sin cuartel para impedir la operación de plantas nucleares eléctricas cerrando muchas de ellas, y dejando también muchos proyectos a medias. Gran parte de esta potencia eléctrica ha sido reemplazada por plantas de combustibles fósiles de carbón o hidrocarburos, acelerando muy notablemente la emisión de CO2 y otros gases de efecto invernadero que ahora son el centro del problema ecológico del planeta. Como el cineasta y ecologista de talla mundial Robert Stone reconoce en su brillante documental "Pandora's Promise" en Netflix, por cada planta nuclear que cerraron en los pasados 30 años de lucha, lo único que lograron fue arrojar a la atmósfera millones de toneladas de CO2 adicionales.

Antes de mi participación en el World Recycle Forum de Singapur, yo tenía una visión sobre la chatarra electrónica que equilibraba tanto su carácter de problema ecológico como de oportunidad económica mediante su reciclado. La realidad es que la chatarra electrónica es hoy un gravísimo problema para el medioambiente y la sociedad. La chatarra electrónica abandonada en tiraderos o rellenos es arrastrada por lluvias y vientos transportando una variedad de elementos químicos tóxicos que eventualmente se filtrarán envenenando los mantos freáticos, los suelos y el aire. Los elementos químicos más nocivos presentes en la chatarra electrónica son mercurio, plomo, cadmio, bromo y cromo. El mercurio y el bromo por ejemplo son componentes químicos de lámparas fluorescentes y pantallas planas; el cadmio se encuentra en celdas solares, tarjetas electrónicas y semiconductores; el plomo, en el tubo de rayos catódicos de las televisiones antiguas y en las soldaduras; el cromo en los recubrimientos anticorrosivos, etcétera. Al problema del abandono de la chatarra electrónica en tiraderos se suma que en el seno de dichos tiraderos prolifera el trabajo informal de millones de trabajadores sumamente pobres que mediante métodos muy rudimentarios y ayudados por reactivos tóxicos extraen metales y concentrados agravando el impacto ambiental de estos tiraderos y, desde luego, dañando seriamente su salud.

En su conferencia magistral Puckett exhibió las grandes limitaciones de las políticas de los países desarrollados para normar y fomentar la minería urbana y el reciclado de la chatarra electrónica. Exhibió además el drama de la tragedia de los pobres países que terminan siendo los depositarios. Para ejemplificar sus argumentos, Puckett y su grupo hicieron un recorrido de los principales depositarios de la chatarra electrónica del mundo, todos ellos en zonas muy pobres. Entre los escombros pudieron encontrar las etiquetas de las empresas, universidades, instituciones y hasta gobiernos que fueron los dueños originales de las computadoras, impresoras y otros dispositivos en países desarrollados. Por ejemplo, encontraron en Ghana chatarra originada en oficinas gubernamentales de la prestigiada ciudad de Leeds en Inglaterra, de colegios privados franceses, de universidades estadounidenses, fuerzas armadas, etcétera. En el equipo de Puckett recortaron la impresión del inventario del equipo y con estos se presentaron con los propietarios originales de la chatarra electrónica encontrada. Con mucha vergüenza e indignación dichas entidades argumentaron haber entregaron los desechos electrónicos en depósitos especializados. Sin embargo, el grupo de Puckett les demostró que mediante un complejo sistema de intermediación la chatarra electrónica fue pasando de depósitos en depósitos hasta acabar en tiraderos africanos y asiáticos.

Desde luego, aparte de Pucket se presentaron impresionantes desarrollos tecnológicos. Por ejemplo una novedosa pieza de maquinaria suiza con un volumen total de 40 metros cúbicos capaz de procesar todos los desechos de luminarias de una ciudad como México, DF, siempre que se opere 24 horas de los 365 días del año. Esta maquinaria tiene la peculiaridad de capturar mediante un sistema de vacío todo el mercurio y las tierras raras contenido el polvo fosforescente del interior de las luminarias. De una máquina de Taiwán capaz de extraer de millones de teléfonos celulares o tarjetas electrónicas cantidades muy relevantes de oro, plata, platino o rodio, etcétera.

México comparte con el mundo las grandes limitaciones de la recolección y el procesamiento de la chatarra electrónica. Produce anualmente unas 400 000 toneladas de chatarra con un crecimiento sostenido del 6 por ciento anual. Gran parte de la chatarra electrónica, más del 80 por ciento, acaba en tiraderos informales de acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático.

Aproximadamente un 15 por ciento se exporta a Asia y Europa, y probablemente hasta un 5 por ciento se procesa industrialmente buscando principalmente la extracción de cobre, oro, platino y otros metales. Del 80 por ciento que acaba en tiraderos una cantidad no definida se reprocesa en la informalidad.

La recolección organizada impulsada por los gobiernos y apoyada por una sociedad debidamente concientizada debe ser la base de una estrategia nacional de control de la chatarra electrónica. Mucha atención debe ponerse en fortalecer los marcos normativos nacionales, estatales y municipales para direccionar el 100 por ciento de la chatarra electrónica al reciclado. Es necesario fortalecer nuestra responsabilidad social como país para asegurar que nada de nuestra chatarra electrónica acabe en tiraderos de México ni de otros países.

A partir de contar con una recolección bien organizada, se pueden generar una variedad de nichos para su reprocesamiento. Aparte de evitar la contaminación directa de la chatarra electrónica en los tiraderos, el reciclado reduce la presión sobre la expansión de la minería. Cada kilogramo de metal recuperado de la chatarra electrónica puede ayudar a la reducción de 5000 toneladas de material extraído de las minas y evitar la emisión de muchas toneladas de CO2 producto de la actividad minera.

El Gobierno del Distrito Federal, a través de la Secretaría de Investigación, Tecnología e Innovación, tiene tres ejes estratégicos: agua, salud y control de desechos. En particular desea promover la innovación tecnológica en materia de minería urbana. En este campo hay oportunidades muy importantes en varias direcciones. La primera es, mediante una valoración monetaria y el reforzamiento normativo, fortalecer la creación de un sistema nacional de empresas que debidamente acreditadas y certificadas logren la recopilación del 100 por ciento de la chatarra electrónica primaria producida en México. A partir de la chatarra electrónica capturada, direccionarla a empresas que se dediquen al reúso de componentes electrónicos reutilizables; al reprocesamiento de plásticos y polímeros en general; a la metalurgia extractiva de metales del grupo del cobre, aluminio y estaño; de los metales preciosos oro, plata, platino, rodio; de los metales y cerámicos de tierras raras como magnetos, luminarias y otros. Desde luego, habría que subsidiar muy fuertemente la recuperación del mercurio, cadmio, bromo, cromo y plomo, entre otros materiales de alta peligrosidad ambiental. La combinación de todas estas directrices puede transformar la trágica realidad de la chatarra electrónica en su versión presente. ¡Hagámoslo!

Lorenzo Martínez Gómez es doctor del Instituto de Ciencias Físicas de la UNAM.

Fuente: Newsweek en español. 23 de diciembre de 2014.
 


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