La píldora anticonceptiva, producto de la reunión de talento y de un escenario propicio

20-02-2015



Es ampliamente reconocido que la aparición de la píldora anticonceptiva fue producto del trabajo conjunto de tres talentosos científicos: Los mexicanos Luis Miramontes y George Rosenkranz y el búlgaro-estadounidense Carl Djerassi, este último líder del proyecto de investigación que buscaba nuevas hormonas esteroides para el control natal y quien murió el pasado 30 de enero en San Francisco, California, en Estados Unidos.

Rosenkranz, científico de origen húngaro, fue director de Investigación en los laboratorios Syntex, compañía farmacéutica donde se desarrolló esta innovación, y Miramontes, entonces un joven estudiante mexicano del Instituto de Química (IQ) de la UNAM, que bajo la dirección de Djerassi, miembro fundador de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), aisló en 1951 la noretisterona, el compuesto activo del primer anticonceptivo oral en el mundo.

Este producto que transformó al mundo fue posible gracias a la existencia de un escenario propicio: por un lado, la existencia en México de la materia prima para la síntesis de hormonas esteroides y, por otro, la estrecha colaboración entre Syntex y el IQ.

“En esa época México llegó a ser el primer productor a nivel mundial de hormonas esteroides, con un 70% de todo lo que se consumía, debido a que en nuestro país existía abundante materia prima. Esto provocó que los precios de la cortisona se redujeran notablemente porque se obtenía de plantas y no de animales, como se hacía anteriormente. Lo mismo pasó con la progesterona, aquí se encontró una forma muy efectiva de obtenerla a partir del barbasco y la cabeza de negro, plantas que se encontraban en el país”, recordó el doctor Alfonso Romo de Vivar, investigador emérito de IQ y miembro de la AMC.

En la primera mitad del siglo XX se había logrado producir hormonas sexuales a partir del colesterol animal, pero este método resultaba costoso y su aplicación incómoda para los pacientes que podían usarlas. Por eso se empezó a buscar formas alternativas para producirlas industrialmente, de manera más económica y sencilla.

El doctor estadounidense Russell Marker, profesor de la Universidad de Pennsylvania, descubrió en nuestro país un género de plantas dioscóreas en cuya raíz se halla una sustancia denominada diosgenina, para finales de la década de los 40 desarrolló un procedimiento para producir progesterona a partir de esta molécula.

Esto fue lo que motivó el establecimiento aquí de la empresa Syntex en 1944, la cual empezó a trabajar en la síntesis de hormonas esteroides como la progesterona, la testosterona y la cortisona en cantidades industriales “(…) Tal descubrimiento colocó a México a la vanguardia de la industria hormonal”, destacó por su parte el doctor José Luis Mateos Gómez, profesor emérito de la Facultad de Química de la UNAM, miembro fundador y expresidente de la AMC.

“La empresa contrató a muchos científicos destacados tanto extranjeros, principalmente estadounidenses y europeos, y mexicanos que trabajaban en el Instituto de Química de la UNAM; entonces se hizo un grupo de químicos muy interesante que no se ha vuelto a repetir. También esto convirtió a Syntex en una empresa muy poderosa”, agregó Mateos Gómez.

Sobre esto, Romo de Vivar indicó que el Instituto de Química tuvo una cooperación muy decidida porque ahí se hacía gran parte de la investigación básica y en Syntex se depuraba todo para ver qué se podía patentar, de hecho, la producción científica en esa época fue muy abundante, generando gran cantidad de publicaciones.

“Ahí estaba gente como Jesús Romo Armería, Octavio Mancera Echeverría y José Iriarte Guzmán, entre muchos otros científicos, ellos tres trabajaban por las mañanas en los laboratorios Syntex y en las tardes dirigían tesis en el Instituto de Química, que en aquellos años estaba en la vieja escuela de Tacuba, en el Distrito Federal. Entonces Syntex ayudaba al Instituto con disolventes, reactivos, con algunas becas para alumnos para que se formaran y contrataban con mucha frecuencia a alumnos jóvenes que salían de ahí para trabajar en sus áreas de desarrollo o de producción”, apuntó el doctor Mateos.

Refirió que hizo su tesis de licenciatura en Syntex bajo la dirección de Luis Miramontes en el año 1953, aunque había estado inicialmente en el Instituto de Química unos meses. “En Syntex detectaban a jóvenes del Instituto y los jalaban a trabajar en la empresa grande, había un vínculo estrecho entre ambos (…) Conocí personalmente a Carl Djerassi y a George Rosenkranz”.

Indicó que la empresa Syntex tenía varias líneas de investigación, alrededor de cien proyectos, algunos que tuvieron logros y, que por lo tanto, fueron de mayor importancia que otros, como el que dio paso a la píldora anticonceptiva. Carl Djerassi, reconocido mundialmente por su creatividad en química, fue contratado por esta empresa para dirigir algunos de estos proyectos, como el de la síntesis comercial de los corticosteroides, pero cuando supo del trabajo del doctor Arthur Birch - quien había publicado la síntesis de la 19-nor-testosterona -, reunió a un grupo de científicos para emprender otro proyecto: la síntesis de otros 19-noresteroides, entre ellos la noretisterona.

El fin de una época dorada

Según narra el mismo Luis Miramontes -fallecido en septiembre de 2004- en un artículo publicado en 2001 en la Revista de la Sociedad Química de México, Syntex no pudo aprovechar plenamente su descubrimiento y patente por carecer de investigación en el área médico-biológica y de una organización para la comercialización internacional.

“Otras empresas aprovecharon el descubrimiento de Syntex. México se puso a la cabeza de la producción de materias primas esteroidales, pero no por mucho tiempo. La investigación en el área se fortaleció en Europa y Estados Unidos, y se perdió el liderazgo. Syntex no formó otras empresas químicas mexicanas exitosas (…) México obtuvo reconocimiento internacional temporal, después aparecieron otras materias primas para la síntesis de hormonas y China encontró una dióscorea que es cultivable y que produce diosgenina de mayor calidad que la mexicana”.

El doctor José Luis Mateos mencionó que este escenario se abonó luego que México exageró al subir el precio del barbasco, lo cual dio oportunidad a la competencia para que se sustituyera al barbasco por otras materias primas. “La investigación sobre sustancias anticonceptivas venía de años atrás, había mucha gente trabajando en esa línea, estudiando nuevos compuestos que fueran más efectivos que la noretisterona.

“Después de 30 años Syntex se vendió a la empresa Roche y lo que pasó después no lo sé bien. Djerassi se retiró de la farmacéutica y se integró como profesor en la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, donde vivió toda su vida”.

Recordar a Djerassi y la historia de la píldora anticonceptiva nos deja una lección principal, sostuvo el expresidente de la AMC: “Uniendo esfuerzos de gente inteligente se pueden lograr muchas cosas en el plano tecnológico, no solamente científico; cuando se unen la academia con la industria se puede desarrollar tecnología, fabricar productos y crear riqueza, en México nos ha faltado y en mucho, vínculos de este tipo”.

Alejandra Monsiváis Molina.

Fuente: Academia Mexicana de Ciencias. 19 de febrero de 2015.


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