Sueño, alma y espíritu a través del pensamiento maya

30-04-2015



México, DF. 27 de abril de 2015 (Agencia Informativa Conacyt).- De acuerdo con el Instituto Mexicano de Medicina Integral del Sueño (IMMIS), las personas pasan hasta la tercera parte de su vida durmiendo, es decir, al llegar a los 60 años de edad habrán pasado cuando menos 20 años dormidos.

Asimismo, diversos estudios hacen énfasis en la importancia de dormir bien, ya que hacerlo impacta directamente en la salud. No obstante, pocas personas e incluso civilizaciones enteras dan el justo peso al sueño y aprenden a usarlo en su beneficio, como sí hicieron los pueblos mayas.

En entrevista con la Agencia Informativa Conacyt, Érik Velásquez García, académico del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dijo que se encuentra a punto de publicar su nuevo libro en torno a la cultura maya, el cual deriva de una amplia y ardua investigación que giró en torno a la percepción y construcción de los conceptos sobre el sueño, el alma, el espíritu y la conciencia que tenían los mayas antiguos.

Al respecto, el investigador aseguró que “el sueño es la tercera parte de nuestra vida; cuando menos la tercera parte de nuestra vida la vivimos soñando y no valoramos este aspecto, mientras que los mayas sí lo conocían, lo usaban, e incluso tomaban decisiones a través de los sueños”.

Sueño, alma y espíritu, según los mayas

“La creencia de las almas y del espíritu se liga con la idea del sueño, de la conciencia, de la percepción, y este tema pertenece a uno más amplio que se integra por las concepciones del cuerpo que tienen los indígenas mesoamericanos”, explicó el experto en cultura maya.

“Se trata de un tema muy apasionante porque partimos de la idea de que el cuerpo humano es un conglomerado de sustancias heterogéneas que solamente están juntas en el momento que vive un individuo, es decir, un breve espacio de tiempo; y cuando ocurre el fallecimiento comienza el proceso de desmembramiento de estos componentes que se dirigen a un destino distinto porque tienen diferentes orígenes”, comentó.

Velásquez García explicó que para comprender mejor este tema, es necesario partir de la premisa de que todos los componentes del cuerpo humano para los mayas son materiales, no hay componentes que no lo sean e inclusive las almas y el espíritu también son de materia.

El especialista agregó que para los mayas existían dos tipos de materia: la que vemos (el cuerpo humano), que es una materia pesada pero efímera porque se descompone, se degenera y muere; y la otra es de origen divino, que seguirá existiendo posterior a la muerte, tales como las almas y los espíritus, los cuales “están hechos de una materia que es etérea, ligera, airosa, parecida a los aromas, ligera pero resistente; esta no envejece, es eterna”.

De acuerdo con su trabajo de investigación, estos componentes proceden de dos diversas partes del universo, el cual a su vez se compone de dos elementos que son la parte donde viven los seres creados (como los humanos y las plantas), es decir, el universo creado por los dioses, el que es finito y perecedero, denominado ecúmene.

La otra parte es de origen divino, precede a la creación del mundo y es donde habitan los dioses, los ancestros y los muertos que nos crearon, cielos superiores al ecúmene, los inframundos. Esta parte del universo es llamada anecúmene, dijo el investigador, quien reiteró que, de acuerdo a su estudio el cuerpo humano se compone de materiales que provienen tanto del ecúmene como del anecúmene.

Otro de los hallazgos que reporta en su investigación es que los mayas tenían la creencia de que el hombre tiene varias almas y varios espíritus. La más importante, de acuerdo con el académico, es un alma llamada ohlis, que piensa, tiene conciencia y conocimiento profundo aprendido en sueños, está ubicada en la cabeza (en la frente), se asocia al Sol y es un alma que adquiere conocimientos a través de los sentidos.

Agregó que los mayas consideraban también el hábito de la respiración como una especie de alma. Existía además un alma que solamente los gobernantes tenían y se adquiría durante la vida al escalar posiciones sociales. Se trata, dijo, de un alma que vivía durante el día en el pecho de los gobernantes y que durante la noche podía salir del cuerpo.

“El gobernante la controlaba desde un sueño profundo. Solo los gobernantes mayas tenían este tercer tipo de alma y la utilizaban para defensa y protección de sus pueblos, a los que cuidaban de las almas similares de gobernantes enemigos”, explicó.

Impacto social del conocimiento maya

El investigador galardonado recientemente por la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), dijo que la relevancia de este trabajo consiste en que “el estudio de nuestra historia, de nuestro pasado reciente y remoto, nos arroja una identidad que necesitamos, es nuestro rostro ante el mundo. Este mundo de tendencias globalizantes, de economías en constante flujo, este mundo cosmopolita no deja de estar compuesto de identidades nacionales”, dijo.

Añadió también que en el caso de México, “10 por ciento de su población actual es indígena, cuenta con orígenes indígenas, o hablan lenguas indígenas. Es una realidad que no está muerta: todavía hay descendientes de esos grupos”, aseguró el catedrático.

Dijo que incluso como sociedad estamos en deuda con ellos. “Tenemos una deuda social, tenemos que aceptarlos como mexicanos, con todos sus derechos, ser tolerantes con ellos, respetarlos como culturas y comprender su pensamiento para poder respetarlos más. Cualquier aspecto que nos ayude a entender la cultura indígena debería ser considerado por políticos y autoridades que tienen el poder de tomar decisiones”, concluyó Velásquez García.

Fuente: Agencia Informativa Conacyt. 27 de abril de 2015.

Crédito de la fotografía: Academia Mexicana de Ciencias.

 


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