La científica detrás de los estudios sobre tripanosomiasis americana

12-06-2015



Por Nistela Villaseñor

México, DF. 9 de junio de 2015 (Agencia Informativa Conacyt).- Con nombre zapoteco y orgullo oaxaqueño, Guiehdani Villalobos Castillejos puso en alto el nombre de su comunidad al mencionar que el amor a su tierra la llevó por el camino de la investigación.

La doctora en Ciencias Químico-Biológicas por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB) del Instituto Politécnico Nacional (IPN) aseguró en entrevista que nunca planeó dedicarse a la investigación pero siempre le gustó todo lo relacionado con la ciencia.

Orígenes de la gran aventura

“Soy de la región del Istmo de Tehuantepec. Desde pequeña veía que las poblaciones aledañas iban evolucionando con la tecnología, y mi comunidad iba quedando rezagada. Se implementaban campañas por la radio; por ejemplo: en época de lluvias, en el pueblo vecino pasaban carritos con insecticidas y yo decía: ‘¿por qué aquí no pasan si hay muchos mosquitos?’ Aunque eso fue cambiando con el tiempo. Cuando terminé la secundaria sabía que quería estudiar medicina, química o algo aplicado a cuestiones científicas para ayudar a mi gente”, narró.

Pero en el Istmo y en el estado de Oaxaca no había alguna carrera que cubriera las expectativas de Guiehdani Villalobos. Su padre le sugirió que viajara al Distrito Federal para estudiar la preparatoria porque sabía que si quería cursar una licenciatura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) había un pase directo; simplemente tenía que ser una buena estudiante para tener acceso a él.

Vine a la Ciudad de México desde que tenía 14 años; vivía en la casa de una tía. Fue un paso muy difícil porque venía de una comunidad pequeña, de un grupo único en la secundaria, con 14 compañeritos, a una ciudad enorme donde había como 15 grupos con 60 personas cada uno”, revivió la doctora Villalobos Castillejos.

Para la investigadora, lo más difícil fue cambiar su rutina y adaptarse a su nuevo estilo de vida. Una de esas costumbres era que mientras vivió con su familia, su papá todos los días la dejaba y la recogía de la secundaria.

“Mis padres me vinieron a dejar un domingo; al día siguiente tenía que ir a clases. Lo único que me dijeron fue: ‘tienes que tomar este transporte para llegar a la casa’. Y ya. Fue muy difícil llegar de algo muy pequeñito a la gran ciudad. Pero bueno, después de tiempo te acostumbras a todo”, manifestó.

Cuando la químico-bióloga concluyó la preparatoria estaba casi segura de que iba a estudiar medicina. Pero al analizar el resto de la oferta educativa descubrió que aunque le gustaba esa carrera, le inquietaban también otras áreas. “Pensaba mucho en mi comunidad y me decía: ‘hay plantas que seguramente tienen potencial médico; muchos animales’. Entonces escogí biología”, expresó.

Chagas, el estudio que cambió su vida

En la licenciatura, Guiehdani Villalobos recibió clase sobre parásitos; desde ahí quedó maravillada. “Me gustó su mundo, cómo interaccionaban con las células, cómo las invadían”, mencionó la especialista. A mitad de la carrera entró a un laboratorio no precisamente a hacer servicio social, sino porque quiso conocer cómo era, qué significaba estar ahí y cómo se trabajaba.

“El universo de Chagas llegó a mí porque tenía que entrar a un taller. Nos expusieron varias enfermedades y me gustó esa. Inicialmente quería trabajar con el parásito pero al platicar con mi tutora, que es del Instituto de Investigaciones Biomédicas, me dijo: ‘mira, aquí están las chinches, prácticamente no se estudian en México’. Empecé y me enamoré. La experiencia me ha servido para aplicarla con otros parásitos”, afirmó.

Esa es precisamente la línea de investigación actual de la doctora Villalobos Castillejos, quien desde hace años realiza estudios con chinches, vector transmisor de la enfermedad de Chagas, también conocida como tripanosomiasis americana.

Los experimentos con las chinches los realiza en el laboratorio del Instituto de Ecología de la UNAM. Aunado a ello, la doctora desarrolla estudios de biología molecular en el Hospital General Dr. Manuel Gea González. “Colaboro con doctores en otro tipo de parásitos como Blastocystis, que es un parásito intestinal humano”, indicó.

Villalobos Castillejos comentó que es bueno alejarse un poco del grupo con el que siempre se está, porque se conoce gente nueva y expertos en temas que pueden dar luz o abrir caminos que a lo mejor no se habían considerado.

“Ahorita estamos trabajando con una población muy grande de monos buscando Blastocystis. También con Toxoplasma buscándolo en borregos, y he ampliado estudios colaterales a lo que realmente me apasiona, que son las chinches”, relató la investigadora.

Sin embargo, reiteró: “No dejaría el estudio de las chinches porque realmente creo que mi investigación es importante; hay muy pocas personas que estudian este tipo de cosas.

SNI, una motivación única

A sus 33 años, Guiehdani Villalobos Castillejos es miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Está convencida de que ello no solo significa un reconocimiento a la trayectoria, trabajo y publicaciones de un investigador, sino que representa una ventana siempre abierta a la ciencia y la tecnología.

“Si estás en un sistema hay más gente que te voltea a ver. El trabajo en ocasiones está limitado por tener cierto número de personas colaborando contigo; pero si alguien más lo ve y quiere participar se amplían las posibilidades. La investigación y sus resultados son mucho más rápidos”, explicó.

Además, profundizó en la importancia de ser guía para nuevas generaciones de investigadores. “Que vengan y aprendan que la investigación no es el mundo tenebroso que imaginamos de pequeños; hay mucho más que cosas azules que burbujean”, concluyó la científica.

Fuente: Agencia Informativa Conacyt. 9 de junio de 2015.

 


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