Alimento para animales a partir de desechos marinos

18-06-2015



Por Susana Paz

La Paz, Baja California Sur. 15 de junio de 2015 (Agencia Informativa Conacyt).- Científicos del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (Cibnor) investigan la generación de nuevos productos alimenticios como aceites y concentrados proteicos a partir de desechos de pesquerías y acuicultura (langostilla, recortes de pescado, vísceras de almeja y calamar, y cabezas de camarón), como alternativa alimenticia de alta calidad y ventajas nutricionales.

El proyecto a cargo de Elena Palacios Mechetnov, investigadora titular nivel C del Cibnor adscrita al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) con el nivel III, propone ventajas ecológicas, sociales y económicas, y tiene como objetivo dar valor agregado a la actividad pesquera para impulsar el desarrollo económico de los pescadores y otros sectores asociados.

De acuerdo con la investigadora, en Baja California Sur se generan alrededor de 20 mil toneladas de desechos marinos, que podrían ser utilizados para producir alimento para especies como camarón, peces, gallinas, cabras y vacas.

Actualmente, dichos subproductos son desechados al mar (calamar, cabezas de camarón), enterrados (vísceras de almeja) o tirados en terrenos baldíos o en la calle. Sin embargo, estos son una fuente de proteínas y también son ricos en lípidos omega 3 de cadena larga (DHA y EPA) o de 20 y 22 carbonos. Algunos contienen altos niveles de pigmentos, hormonas, fitoesteroles y otros compuestos que pueden tener valor agregado.

“La idea es utilizar métodos de procesamiento que permitan contar, por una parte, con alternativas viables de uso para dichos subproductos y recursos marinos desaprovechados que causan problemas de contaminación ambiental; y por otro lado ampliar, diversificar y enriquecer la gama de ingredientes y aditivos de alta calidad a ser empleados para consumo animal acuícola (camarones y peces) y pecuario (gallinas, conejos, vacas y cabras)”, afirmó la investigadora.

En la actualidad se utiliza sobre todo harina y aceite de pescado como aditivo a los alimentos; sin embargo, estos tienen un alto precio, lo cual incrementa a su vez el costo de dichos alimentos. Según la especialista, la tonelada de harina o aceite de pescado puede costar hasta 25 mil pesos, además de que se tiene que importar por ejemplo de Perú, porque en México no se produce suficiente ni de buena calidad debido a que los procesos de producción son muy deficientes.

Los subproductos elaborados han sido validados en bioensayos para determinar su efecto en crecimiento y supervivencia, pero también en la calidad de la carne para consumo humano (camarón, conejo), huevos (gallinas) y leche (vacas y cabras). Con los resultados obtenidos, se están tramitando tres patentes y un estudio de mercado.

Sobre el proyecto

“El objetivo es utilizar todo aquello que ahora se tira directamente en el mar: vísceras, intestinos, gónadas, ojos, cabeza, ya sea de pescado, calamar, almeja y camarón. Por ejemplo, el calamar (a medida que lo pescan) lo abren, le sacan las vísceras, y lo tiran al mar, para que les quepa más en la lancha. Todo esto tiene una composición particular de lípidos y proteínas muy importante. Lo que estamos tratando de hacer es rescatar esto que ahora es considerado basura, para obtener aceite y concentrados proteicos de buena calidad, y utilizar estos en la alimentación de camarones, peces, gallinas, conejos, cabras y vacas”, expresó Palacios Mechetnov.

La idea, agregó, es ver qué tanto pueden mejorar la calidad de estas especies, porque generalmente lo que se utiliza como aceite o harina para producir alimento para, por ejemplo camarones, es deficiente en nutrientes o está procesado de forma no adecuada.

“Lo que sucede es que se pescan especies como sardina o macarela, se procesan, se produce harina y aceite, y luego se les da de comer a otros peces como pargo o jurel, que son para consumo humano. La sardina y macarela pueden ser usados para consumo humano y es ineficaz usar peces comestibles para darle de comer a otros peces (o camarones o gallinas), y además impacta de forma importante el ambiente. Lo que se ha tratado de hacer desde hace unos 50 años es sustituir esta harina y aceite de pescado utilizando granos como soya, maíz o trigo, para darles de comer a peces y camarones, pero obviamente no es su comida natural. ¿Qué pasa en entonces? que terminan de un sabor distinto y no tienen los nutrientes por los cuales tú te comes un pescado. Todos saben que si comes pescado marino es porque tiene proteínas y omega 3; si le das soya y maíz deja de tener omega 3 de la que nosotros necesitamos, tiene omega 3 pero de las plantas que es de 18 carbonos, pero nosotros necesitamos un omega que es de 20 o 22 carbonos; y además las plantas tienen mucho omega 6, lo cual nos produce un desequilibrio que puede incrementar enfermedades inmunes”, afirmó.

De acuerdo con Palacios Mechetnov, la ventaja de usar estos desechos que ahora no están siendo utilizados es que contienen omega 3 de 20-22 carbonos: “Entonces los usamos, los procesamos y se los damos de comer a los peces, camarones, gallinas, y estos los incorporan y producen carne y huevo de buena calidad para nosotros”.

Sobre la experimentación

El proyecto lleva ya tres años de realizarse. En este momento han concluido las fases de experimentación con camarones, conejos y gallinas, y están en curso con la leche y peces. Lo que han encontrado, en el caso del camarón al darle las vísceras de calamar o almeja, es que la prefieren mucho más que la comida hecha con soya o cereales, debido a que es lo que comen naturalmente, es decir, desechos y restos de organismos muertos en el fondo del mar, además de que presentan un mayor crecimiento y tolerancia al estrés.

“Le damos vísceras de calamar y el camarón feliz, se lo come muy bien, crece más, tiene mayor tolerancia al estrés, sobrevive mejor cuando lo pasamos de un tanque a otro. Cuando le damos alimento comercial normal con aceite o harina de plantas terrestres, se muere de estrés cierta parte de la población al ser transferida de un tanque a otro; pero cuando les damos vísceras de calamar sobreviven al 100 por ciento y como si nada, no se ponen blancos ni se estresan”, comentó.

De esta forma, al realizar pruebas en la carne del camarón para conocer su composición de proteínas y lípidos, encontraron que han incorporado el DHA y tienen una constitución similar a la de los camarones pescados en la naturaleza, lo que favorece sus características nutricionales.

Procesamiento y resultados

El proyecto está enmarcado en el Fondo Sectorial de Innovación de la Secretaría de Economía (SE) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), y actualmente investigan qué metodologías usar que sean compatibles con los pescadores. El procesamiento que actualmente se lleva a cabo para producir la harina de pescado es muy áspero y tiene el objetivo de hacer la harina o aceite de forma rápida y económica, por lo que se degrada fuertemente a nivel de lípidos, proteínas y micronutrientes.

“Necesitamos ver qué forma de procesamiento y conservación podemos usar en Baja California Sur, que podría ser para el resto del país eventualmente, que sea compatible con los pescadores y con la industria productora de alimento. Dos de los métodos que hemos visto son congelar las vísceras y procesarlas en la planta procesadora de alimentos, y lo otro es un proceso de secado limpio, donde no se degrada ni contamina con agentes externos”, explicó.

Después del secado o el congelado, la materia prima pasa por un proceso en donde no se deben alcanzar temperaturas mayores de 40 o 50 grados, para evitar degradación de lípidos. La idea es buscar las formas de procesamiento que no presenten demasiadas pérdidas.

“En cada uno de los procesos unitarios que metes, como secado, cocción o molido, dependiendo de las condiciones de presión y temperatura, puede haber pérdidas; entonces, estos dos años nos hemos dedicado a tratar de ver cuál es el mejor medio para procesar esta materia prima para que tenga todos los nutrientes y no los pierda. Algo sorprendente que encontramos es que, dependiendo de la materia prima, se debe de utilizar un distinto método de procesamiento, es decir, cada materia prima es lábil a distintas condiciones durante el proceso”, aseveró.

Por ejemplo, el calamar es más digestible para el camarón cuando tiene un cocimiento en agua, que cuando se seca o procesa de otra forma. El caso de las cabezas de camarón es distinto; estas tienen que ser secadas y procesadas de otra manera porque si no pierden los nutrientes. Así, cada uno necesita un proceso diferente para que al final terminen con la mayor cantidad de nutrientes posibles para que sean absorbidos por la gallina, el camarón, los peces y, luego, el humano.

En el caso de la gallina, detalló la entrevistada, se requiere otro proceso, porque lo que buscan no es la carne sino los huevos. Aquí encontraron que algunos de los subproductos producían una pigmentación amarilla fuerte en la yema, incluso naranja. Estos huevos presentaban omega 3 de 20-22 carbonos, mucho más altos que los huevos normales, incluso más que los llamados huevos de rancho, debido a que la gallina lo que en realidad come son gusanos, escarabajos, insectos en general, y no plantas, que es lo que comúnmente se les da de comer.

“Cuando la gallina come gusanos, los huevos son de mejor calidad en relación a nutrientes; cuando come subproductos, también son de mejor calidad”, dijo la investigadora.

En relación al camarón, agregó que han tenido buenos resultados porque con algunos de estos subproductos procesados de cierta forma e incorporados al alimento han producido camarones bajos en colesterol.

“A nivel comercial eso es importante porque mucha gente dice: ‘yo no como camarón porque el doctor me dijo que no puedo pues tiene colesterol muy alto’, entonces lo deja de comer; nosotros podemos comercializar un camarón con niveles bajos de colesterol, lo que podría tener buena aceptación con la gente. No obstante, eso del colesterol alto es un mito de hace 50 años, porque en realidad el colesterol no tiene ningún efecto de aterosclerosis; en realidad, los omega 3 que tienen los camarones son muy buenos para bajar lo que se conoce como colesterol malo”, explicó.

En el caso del camarón bajo en colesterol está en vías de trámite una patente, otra en relación a la calidad del huevo de gallina alimentada con estos subproductos, y una más por el desempeño de camarón en cultivo alimentado con subproductos.

“Esto último porque brinda al camarón menor nivel de estrés e incide en qué tanto se deteriora después de que es pescado; si bien se deteriora rápido, cuando consume productos de estos dura mucho más porque tiene más antioxidantes y pigmentos que absorben los oxidantes, entonces tiene mayor vida de anaquel, como estamos estudiando con un proyecto adicional de fondo SEP-Conacyt en conjunto con la doctora Ana Beltrán, de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS)”, afirmó la especialista.

A nivel de planta piloto el proyecto está listo, y otro aspecto que están trabajando va encaminado a probar los resultados a nivel industrial en una planta productora de harina y aceite, y luego integrar estos en una planta productora de alimento, donde se producen miles de toneladas para ver cómo responde el subproducto al ser pasado por esas condiciones.

De acuerdo con Palacios Mechetnov, en las bases del proyecto les interesaba el tema de la salud humana –gran parte de su trayectoria científica la ha dedicado a esta área– por lo que se asoció con el doctor Roberto Civera del Cibnor, experto en nutrición de camarón y peces, así como con investigadores de la UABCS para la nutrición de gallinas, conejos y vacas.

“Después vimos también que podíamos tener un impacto muy fuerte a nivel de los pescadores que están tirando los desechos, y que podían utilizarlos como un producto que le diera valor agregado al trabajo de pesca que estaban haciendo (...) Ellos podrían empezar eventualmente a vender estas vísceras a la gente interesada”, comentó.

De las ventajas

Elena Palacios Mechetnov es bióloga egresada del Instituto Politécnico Nacional (IPN), cursó el doctorado en Ciencias en el Uso, Manejo y Preservación de los Recursos Naturales en el Cibnor. Con 16 años de trayectoria en esta institución, que pertenece al Sistema de Centros Públicos de Investigación del Conacyt, se ha dedicado principalmente al análisis de lípidos; ha trabajado el tema de obesidad en humanos, problemas de alimentación, lípidos en la reproducción de almejas, ostiones y peces, leche materna, entre otros temas enfocados a la salud humana.

Para la especialista, este proyecto representa una ventaja social y económica tanto para los pescadores como para la gente que produce alimento, además de que constituye una ventaja para las personas que los van a consumir.

“También es una ventaja ecológica, porque dejamos de pescar peces que ya se están acabando y estamos utilizando al 100 por ciento los desechos”, expuso.

La producción de calamar, almeja y camarón en Baja California Sur, dijo, asciende a 50 mil toneladas, por lo que los desechos –cabeza de camarón, vísceras de almejas y de calamar– son de alrededor de 20 mil toneladas.

“Si quisiéramos sustituir la harina y el aceite de pescado en un alimento para camarón estaríamos produciendo, solo de calamar, unas 4 mil 500 toneladas al año, lo cual equivaldría a tener funcionando la planta productora de alimentos que tenemos en Baja California Sur durante cerca de 190 días. Sería dejar de usar completamente harinas y aceite de pescado”, aseveró.

Fuente: Agencia Informativa Conacyt. 15 de junio de 2015.


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