Édgar Barroso y el arte de la ciencia

26-07-2015



Por Verenise Sánchez

México, DF. 23 de julio de 2015 (Agencia Informativa Conacyt).- Nuestro país le debe apostar más a la música si quiere tener un mayor número de científicos y tecnólogos que hagan innovación y emprendimiento, aseguró el mexicano Édgar Barroso, doctor en Tecnología y Composición Musical por la Universidad de Harvard.

En entrevista, el exbecario del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) señaló que la música tiene muchas bondades que ayudan a mejorar el desarrollo intelectual del ser humano, como hacer más flexible el cerebro y aumentar la retención cognitiva, entre otras.

Además, favorece el trabajo en equipo, algo fundamental para hacer innovación, pues “hoy en día casi nadie puede realizar algo realmente innovador solo; los grandes esfuerzos científicos y tecnológicos se hacen en equipos multidisciplinarios”, dijo.

Por tal razón, el multipremiado en diversos países de Europa, Asia, Norteamérica y Latinoamérica tiene el sueño de regresar la música a las aulas en México, pero no como una asignatura complementaria, sino como una de las más relevantes en la educación básica.

“Desde 2012, el gobierno suizo modificó su ley para que todos los niños tengan acceso a la educación musical y no lo hizo porque quiera tener muchos músicos, sino porque sabe y hay evidencias científicas, neurológicas y psicológicas de que la música ayuda a formar mejores cerebros”, abundó.

La pasión, el origen de todo

A sus 38 años, Édgar Barroso es considerado como uno de los compositores mexicanos más destacados del mundo, ya que su trabajo ha sido distinguido en diferentes eventos como el Festival de Cine de Tokio; el Festival Internacional Audiovisual Black & White, en Portugal; y el Festival de Arte de la ciudad de Mönchenladbach, en Alemania, entre otros.

Asimismo, tiene más de diez años de experiencia en la formación de equipos y proyectos multi, inter y transdisciplinarios en las áreas de negocios, arte, transferencia de tecnologías y emprendimiento social y cultural. Actualmente es fundador y cofundador de al menos seis startups.

Según Barroso, esa pasión por crear y ayudar a los demás también a hacerlo son cualidades básicas para la innovación y emprendimiento que el las desarrolló desde pequeño gracias a la música.

“Desde niño me ha gustado la música; cuando me compraron mis walkman fui muy feliz, podía pasar hasta nueve horas seguidas escuchando música, pero nunca pensé dedicarme a ella, a lo mejor por cuestiones socioculturales, pues mi natal León, Guanajuato, es una zona industrial y nadie se dedica a la música o a una profesión artística y creativa”, indicó.

Señaló que cuando iba a entrar a la universidad le fue muy difícil elegir una carrera, ya que su corazón, pasión e inspiración le dictaban música; pero su familia, principalmente su padre, y su entorno social, le decían “de música no vas a vivir”.

“Mi padre es curtidor de piel y mi madre es maestra. En el tema de mi profesión, mi madre era más relajada; me decía: ‘estudia lo que tú quieras’; pero mi padre tenía la preocupación económica y me decía: ‘¿de qué vas a vivir?’. Yo realmente no sabía de qué iba a vivir, pero lo que sí tenía claro era que me quería dedicar a la música”, rememoró.

Sus maestros lo motivaban; le decían que tenía el potencial para dedicarse a eso profesionalmente, así que estudió la carrera de música y empezó a tocar en una orquesta. Después trabajó como director de orquesta, pero lo que más le apasionaba era componer.

Por tal motivo se metió a estudiar armonía y contrapunto, y así empezó a escribir música. Después comenzó a interesarse por la tecnología, ya que intuitivamente sabía que ello iba a permear todas las áreas de conocimiento, incluida la música.

“Era 2004 y todavía no estaba muy claro cuál iba a ser el rol de la tecnología en la música, así que decidí estudiar la primera maestría en arte digital que se impartió en el mundo, en la Universidad Pompeu Fabra, en España. Ahí estuve en contacto con estudiantes de diferentes disciplinas y me empapé de dos cosas que han tenido gran repercusión en mi vida actual: la colaboración transdisciplinaria y la tecnología”, aseguró.

Las artes y la ciencia

Al terminar la maestría se fue a Estados Unidos a realizar su doctorado en la Universidad de Harvard y fue cuando más se convenció de que la ciencia, el arte y la tecnología no debían estar separadas, ya que se tocan en muchas partes, señaló.

“Todas están motivadas por las preguntas más fundamentales de la vida, las relaciones entre los diferentes elementos que conforman nuestro entorno, la evolución de sistemas, metodologías y técnicas. Son experimentadoras incansables del mundo externo e interno que nos constituye como entes individuales, colectivos y globales”, agregó.

Además, “las artes y las ciencias se necesitan, se complementan y se potencializan; juntas son una parte esencial de nuestro entendimiento del mundo, nos ayudan a dar propósito y significado a nuestras vidas y nuestras civilizaciones”, añadió Barroso.

Ciencia, tecnología y arte, el futuro

Aunado a lo anterior, la ciencia, la tecnología y el arte son el futuro, ya que todas las disciplinas u oficios que se pueden automatizar lo harán; por tal motivo, hay que tratar de modificar el sistema educativo para formar a niños que sepan y puedan crear cosas, manifestó el también ganador del Premio Nacional Jóvenes Creadores 2011, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca).

“Y para crear cosas debes tener herramientas científicas, tecnológicas y creativas; esto va a ser fundamental en la educación del futuro, así que más nos vale que nos pongamos las pilas con eso, si no vamos a tener muchos problemas de desempleo porque el mundo va a estar diseñado para esos tres grandes grupos de personas”, sentenció.

Asimismo, subrayó que hoy en día los trabajos demandan mayor capacidad creativa para resolver problemas de una manera diferente, eficiente y eficaz.

“La creatividad es una de las habilidades que se descartó desde la época industrial y todavía hasta los años 90 no era tan importante que las personas fueran creativas; sin embargo, en los últimos 10 años se ha visto que lo más importante es que la gente encuentre nuevas maneras de pensar y por eso la insistencia en la innovación, en hacer cosas diferentes, en encontrar nuevas y mejores soluciones”, detalló.

Cambiar para ser mejores

Para generar esa curiosidad y creatividad es necesario ampliar la cultura científica y tecnológica en la sociedad, así como replantear el sistema educativo mexicano, ya que todavía está muy enfocado en solamente repetir conceptos y no se está preparando a los niños para crear y desarrollar cosas, indicó el artista.

“Para mí hay tres pilares sobre los cuales se debe de basar un nuevo sistema educativo: confianza creativa, educación para crear y emprendimiento”, manifestó el exbecario del Conacyt.

En su opinión, a los niños desde que nacen y hasta los 12 o 13 años se les debe de enseñar dos cosas fundamentales: el gusto y la curiosidad por aprender; y eso, dijo, se hace preguntándoles y mostrándoles las cosas.

Por ejemplo, “para enseñar amplitud, frecuencia y transductores, la peor manera de hacerlo es con una gráfica, como tradicionalmente lo enseñan, porque eso es muy aburrido; los estudiantes se lo aprenden, hacen el examen y al otro día ya lo olvidan, porque no le ven ninguna utilidad”, refirió.

En cambio, explicó Barroso, si en lugar de la gráfica pegas una manguera con agua a una bocina que suene a una frecuencia de 24 hertz y pones una cámara de vídeo para que grabe a 24 fotogramas por segundo, parecerá que el agua se detiene en el aire.

“Esto crea una admiración por un fenómeno científico, el niño lo entiende mejor porque lo puede ver y puede sentir esa emoción de ‘yo hice que pasara’”, añadió.

El especialista subrayó que en la primaria se debería de fomentar justo eso: que los niños tengan experiencias científicas y artísticas que los atrapen, que los seduzcan. Asimismo, es necesario cambiar los exámenes en los que solamente hay una respuesta. “No entiendo por qué insistimos en hacer ese tipo de pruebas si en la vida real todos los problemas tienen muchas soluciones”, argumentó.

Ya en la secundaria y preparatoria, indicó que se debería impulsar el trabajo colaborativo porque “queremos que los jóvenes hagan innovación pero siempre los hemos educado para que trabajen individualmente y nadie puede hacer innovación solo”.

Destacó que se deben empezar a formar nuevas generaciones de creativos que usen la tecnología justamente para crear y, según el experto, la manera más fácil de hacerlo es a través del arte.

“A lo mejor los chicos no tienen mucho interés por saber que X es igual a 4; pero sí sienten interés de saber que a través de la ciencia y el arte pueden crear cosas como blogs, aplicaciones o videos musicalizados por ellos, cosas que pueden decir: ‘esto es mío’”, opinó.

Esto, dijo Barroso, es muy importante para los niños y adolescentes porque a esa edad muchas personas tratan de expresarse y no saben cómo; en esos casos el arte funciona muy bien para acercarlos a la ciencia y la tecnología.

“Lo importante es que los niños y jóvenes tengan la confianza y curiosidad creativa, para que se cuestionen e investiguen cómo son las cosas, que ellos solitos busquen, entiendan y utilicen el conocimiento. Creo que la mejor manera de entender la ciencia y la tecnología es haciéndola, experimentándola y fracasando. Al final de cuentas no importa si te salen o no las cosas, lo importante es que nunca te canses de intentarlo”, enfatizó.

Añadió que “ya cuando concluyen la licenciatura o posgrado es necesario capacitarlos en emprendimiento, pero solo si ya tienen la confianza creativa y la educación para crear, es decir, si ya son creativos, si crean cosas –no que se les ocurran cosas– y saben colaborar; entonces ahora sí está listo para hacer innovación y emprender”.

La música como modelo de innovación

En los últimos 10 años, Édgar Barroso ha estado en diversos centros de innovación y música en varios países como Francia, España y Estados Unidos, en donde ha visto que uno de los mejores modelos de innovación y emprendimiento es aquel que es similar a una orquesta.

“Mi manera de ver los temas de innovación son muy distintos a lo tradicional porque tuve en una formación muy diferente. Cuando empecé a platicar con gente que hace ciencia, tecnología o innovación le hacía mucho sentido cómo trabajaban los músicos en términos de emprendimiento, más que las startups normales, porque nosotros estamos más enfocados a la parte creativa y artística de las cosas”, dijo.

En cambio, subrayó que las startups se preocupan al principio más por ser económicamente viables y por sus planes de negocio, “lo cual no está mal porque son cosas que hay que tener, pero para los músicos lo más importante es que la idea o la innovación sea increíble, que cree experiencias fabulosas”.

Además, dijo, “los músicos hablamos menos. Por ejemplo, en un ensayo casi no se habla, se practica de manera conjunta, en lugar de estar discute y discute. Es peculiar el modelo de una orquesta porque todo el trabajo se hace en colaboración y no en competencia. Nosotros también buscamos que nuestro esfuerzo tenga una retribución económica, pero no es nuestro principal fin, a diferencia de cuando haces una empresa, que el objetivo primordial es ganar dinero”.

El arte de emprender

Bajo este modelo de orquesta, Barroso ha cocreado sus propias startups, tales como Peach Note –junto a Vladimir Viro–, la cual está conformada por especialistas en música, tecnología y programación provenientes de países como España, Rusia, Estados Unidos y México.

“En Peach Note realizamos visualización y sonificación de datos; por ejemplo, estamos trabajando en desarrollar una aplicación que sea como el Google Books pero de música clásica, para que al momento en que alguien busque una canción en YouTube, la aplicación busque la partitura y así la gente pueda escuchar la música y leer la partitura al mismo tiempo”, detalló.

Asimismo, Édgar Barroso realiza varias actividades sin fines de lucro como Manos al Sonido, en la que enseñan a los niños a usar la tecnología a través de la música; “con el músico suizo Etienne Abelin estamos tratando de usar la música como un método de enseñanza, pedagógico y desarrollo social”, comentó.

También tiene otra iniciativa denominada Código para Todos, a través de la cual realiza talleres de programación para que las personas “sepan hablarle a una computadora y que esta haga lo que queremos”, dijo al respecto.

“Trato de luchar para que los teléfonos o tabletas no sean vistos como elementos para consumir tiempo e información sino para crear información, contenido e ideas. Lo que tenemos en nuestros dispositivos móviles es avanzadísimo como para usarlos solamente para chatear; podemos hacer mil cosas con nuestros teléfonos, está bien que la gente tenga su WhatsApp pero es importante que sepa que también puede hacer otras cosas como aplicaciones o páginas web, con los nuevos teléfonos uno puede hacer prácticamente lo que quiera, solamente debes tener la actitud”, concluyó.

Fuente: Agencia Informativa Conacyt. 23 de julio de 2015. 


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