Ricardo Tapia: sensibilidad y compromiso en la ciencia

07-09-2015



Por Nistela Villaseñor

México, DF. 3 de septiembre de 2015 (Agencia Informativa Conacyt).- El progreso del país no puede darse si no hay ciencia y tecnología; esto solo se puede lograr a base de investigación y de formación de nuevos investigadores, advierte Ricardo Tapia Ibargüengoytia.

Investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Tapia Ibargüengoytia es hijo y nieto de ilustres médicos. Los tres, de igual nombre y con la misma pasión por la ciencia, han sido reconocidos como miembros de la Academia Nacional de Medicina de México.

Con cierto dejo de modestia, Tapia Ibargüengoytia asegura que haber sido docente, siendo aún estudiante, o el primer doctor en Bioquímica graduado en 1969 en la UNAM, fue simplemente por coincidencia cronológica.

Tuvo desde muy joven la facultad para la docencia; cuando se recibió de médico, en 1963, ya estaba involucrado en la investigación y tenía más de tres años asistiendo al laboratorio del doctor Guillermo Massieu Helguera, gracias a que en el segundo año de la carrera conoció a Alberto Guevara Rojas, su profesor de fisiología y “distinguidísimo médico”, quien le habló de la investigación científica y con quien posteriormente estrechó una amistad.  

Según Tapia Ibargüengoytia, los pioneros de la investigación de Bioquímica en México, y quienes fundaron la Sociedad Mexicana de Bioquímica en 1957, crearon la maestría y el doctorado en Bioquímica en la Facultad de Química de la UNAM, y él, junto con un grupo de estudiantes de la Facultad de Medicina, tuvieron la oportunidad de ser los primeros estudiantes de ese doctorado.

“Por razones cronológicas y otro poco porque yo me apuré un poquito más, fui el primero que se doctoró en este programa, por eso soy el primer doctor en Bioquímica graduado en la UNAM”, expresa.

Lo más disfrutable de la ciencia

Tapia Ibargüengoytia llegó al laboratorio del doctor Massieu, en el Instituto de Biología de la UNAM, y de inmediato empezó a leer y hacer experimentos bajo su tutoría. “Me interesó a tal grado que todo el tiempo que me dejaban libre los cursos de medicina —para esa época ya iba a los hospitales— estaba en el laboratorio”, afirma.

El doctor cumplió con las materias clínicas para poder egresar, pero su deseo, y hasta su necesidad, era estar ahí. Así logró que le permitieran hacer el internado en el laboratorio con su trabajo de investigación.

“Lo que más me gusta es estar en el laboratorio, desde esa época, aprender y cada vez tratar de hacerlo mejor, de diseñar los experimentos, de realizarlos, de analizarlos”.

La enseñanza es otro de los aspectos que más disfruta. “Desde el momento en que uno recibe estudiantes en el laboratorio, está uno conviviendo y aprendiendo de los estudiantes, por supuesto. Eso es una gran virtud de la ciencia, el momento en el que desaparecen las diferencias entre maestro y alumno, y no hay autoridad. La única autoridad es la que surge de los datos científicos". 

¿Perfeccionismo o ética?

Tapia Ibargüengoytia no se considera perfeccionista, pero asegura que cualquier persona que trabaje en asuntos creativos, ya sea como científico o como artista, por ejemplo, busca hacerlo de la mejor manera posible, con ética, sobre todo en el caso de la ciencia.

"La ética científica exige la integridad, el ser lo más objetivo posible en la investigación. Un verdadero científico elabora una hipótesis para tratar de contestar una pregunta con diseños experimentales, pero solo para probar la posibilidad de que esa hipótesis sea correcta o no, sin casarse con la idea de que lo que piensa es lo que debe ocurrir, eso sería un mal científico”, enfatiza el doctor.

Además, menciona que existen otros aspectos dentro de la integridad o ética científica como el hecho de no plagiar y reconocer, con citas apropiadas, el trabajo de un investigador que ha aportado conocimiento y ha permitido el planteamiento de una pregunta.

El especialista considera que también hay que promover la integridad científica en la formación de investigadores, que es otra gran labor de los científicos de cualquier país en desarrollo.

La inspiración de un científico

“Mi padre y mi abuelo fueron médicos, los dos de la misma especialidad: otorrinolaringología, y además hacían esofagoscopia y broncoscopia. Yo fui el mayor de mis hermanos; casi, casi tenía que ser médico, no en el sentido de obligación, ni mucho menos que papá estuviera presionándome, pero me gustaba”, señala Tapia Ibargüengoytia.

Alberto Guevara Rojas y Guillermo Massieu Helguera también sembraron en él, cada uno en un tiempo y espacio únicos para el aprendiz, la semilla de la inquietud y el amor por la investigación, que finalmente lo llevaron a ser el gran científico que hoy es.

El doctor asegura que un investigador no puede tener una idea, una hipótesis de trabajo o hacerse una pregunta pertinente y viable de contestar si no conoce los antecedentes: por un lado, el conocimiento general a nivel básico, y luego, los artículos científicos.

De acuerdo con el experto, la lectura científica debe ser incesante en los investigadores, para evitar —por desconocimiento— la repetición de experimentos cuyos resultados quizá se publicaron tres años o un mes antes. El fin de la ciencia es aportar nuevos conocimientos continuamente, “no es resolver el problema equis y zeta, eso es consecuencia del conocimiento”, abunda.

Tapia Ibargüengoytia reconoce que siempre ha sostenido que la ciencia debe ser parte de la cultura y que la sociedad en general debería ser mucho más culta en el sentido de la ciencia y no solamente en el sentido de lo que habitualmente se denomina cultura: literatura, bellas artes, problemas sociales.

En ese sentido, el especialista advierte que le gustan muchas otras cosas además de la literatura científica, “leo muchísima ficción; me encanta la llamada música clásica, que desde adolescente me empezó a gustar, voy muy seguido a todos los conciertos de la UNAM; he gozado la cultura prehispánica y he leído los libros de nuestros antropólogos y estudiosos; hasta he escrito poesía, se publicó hace mucho tiempo en la revista Vuelta, cuando el director era Octavio Paz”.

El investigador emérito ha publicado una serie de libros de divulgación en donde trató de conectar la ciencia con la literatura, por ejemplo, en el libro de la colección "La ciencia para todos" del Fondo de Cultura Económica (FCE), titulado Las células de la mente, insertó varios textos y poesías, pequeños fragmentos de sor Juana Inés de la Cruz, Italo Calvino y Pablo Neruda, entre otros.

En un contexto más universal, Tapia Ibargüengoytia considera que sin la contribución de Charles Darwin se seguiría pensando que Dios creó al hombre a partir de Adán y Eva; por eso su admiración hacia él, así como hacia los grandes científicos que han aportado a la cultura mundial, y entre los mexicanos, a los pioneros de la bioquímica y la fisiología en México, sus maestros.

Fuente: Agencia Informativa Conacyt, 3 de septiembre de 2015. 


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