Emeritazgo, reconocimiento a la investigación científica

15-09-2015



Por Nistela Villaseñor     

México, DF. 7 de septiembre de 2015 (Agencia Informativa Conacyt).- El Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) fue creado en julio de 1984 con el objetivo de incentivar, a través del estímulo económico y el nombramiento de investigador nacional, a aquellos que trabajan en pro del desarrollo y fortalecimiento de la ciencia, la tecnología y la innovación en México.

Este reconocimiento público lo otorga el Gobierno Federal por medio del SNI a científicos y tecnólogos sobresalientes por la calidad de su producción y la formación de nuevos investigadores, así como por su aportación a la investigación científica o tecnológica del país en su línea de estudio.

Las distinciones que otorga el sistema se clasifican en tres categorías: candidato a investigador nacional, investigador nacional —con tres niveles— e investigador nacional emérito (desde 1992).

Para ser investigador nacional emérito, el solicitante debe contar con al menos 65 años de edad al cierre de la convocatoria; haber tenido mínimo tres evaluaciones consecutivas y cumplido quince años de manera ininterrumpida como investigador nacional nivel III; presentar la solicitud de otorgamiento de la distinción, y ser recomendado por el Comité de Investigadores Eméritos. La distinción es vitalicia.

Miembros eméritos

En Fisiología Celular y Molecular

Marcelino Cereijido Mattioli, miembro emérito del SNI desde 1996, nació en Buenos Aires, Argentina, en 1933 y es naturalizado mexicano desde 1993. Se graduó como doctor en Fisiología en la Universidad de Buenos Aires (UBA); obtuvo el posdoctorado en Biofísica en la Universidad de Harvard; y ha sido profesor del departamento de Biología Celular de la Universidad de Nueva York y en el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), entre otras instituciones.

"Dado que el SNI agrupa a lo más alto en el nivel nacional de investigadores de prestigio nacional e internacional, y además quien me evalúa es una comisión  integrada por colegas de la máxima categoría, es un honor para mí haber sido designado emérito", asegura Cereijido Mattioli.

El especialista ha recibido los premios Nacional de Ciencias y Artes; Arturo Rosenblueth, del Cinvestav; Weissman; Bernardo A. Houssay de la Organización de los Estados Americanos (OEA); Internacional Juchimán, de Tabasco. Ha publicado más de 150 artículos in extenso, 11 libros científicos, más de 100 artículos de divulgación y tres libros de ensayos. 

Como experto en fisiología celular y molecular, diseñó epitelios artificiales hechos con células epiteliales cultivadas, así como otras técnicas experimentales con las que se pudieron elucidar los mecanismos fundamentales de los epitelios de transporte: la formación de uniones oclusoras y la polaridad apical basolateral.

Por otra parte, descubrió cómo hacen las células cultivadas para reconocerse unas a otras, asociarse para sellar los espacios entre ellas y no permitir el paso indiscriminado de sustancias.

Además de sus aportes científicos, Cereijido se preocupa por la relación ciencia sociedad; ha publicado numerosos libros que comprenden desde la divulgación accesible a jóvenes, como en La muerte y sus ventajas, hasta el ensayo profundo en que analiza las formas en que nuestra sociedad podría acceder a un nivel más alto de ciencia y tecnología, Por qué no tenemos ciencia.

Cereijido Mattioli expresa que es una tranquilidad social hacer labor científica sin defraudar a un país que tiene alta proporción de personas de escasos recursos.

"Finalmente eso me ha permitido formar maestros y doctores, la mayoría de los cuales son hoy miembros del SNI; otros trabajan en la cúspide de la comunidad científica internacional", señala.

María Susana Balda, profesora titular del University College London; Enrique Rodríguez Boulan, director del Dyson Vision Research Institute de la Escuela de Medicina de la Universidad Cornell; y Carlos Alberto Rabito, Jefe del Laboratory of Biophysics del Massachusetts General Hospital de Harvard, son "tres botones", producto y muestra del acompañamiento de Marcelino Cereijido.

En Historia

Josefina Zoraida Vázquez y Vera, quien fue nombrada miembro emérito del SNI en 1996, nació en la ciudad de México en 1932. Cursó el doctorado en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el doctorado en Historia de América en la Universidad Central de Madrid, y un posdoctorado en Historia de Estados Unidos en Harvard University. Es investigadora y profesora emérita de El Colegio de México, y ha enseñado en la UNAM, la Universidad Iberoamericana (UIA) y diversas universidades de Estados Unidos y Europa. 

"Realmente ser emérita del SNI es una de las grandes satisfacciones de mi vida. Me lo otorgaron hace más de una década y ello me estimuló a seguir trabajando con el grupo interinstitucional que ya ha publicado tres libros y empieza la investigación de otro. Realmente es una distinción a la que debemos responder continuando la labor mientras se pueda", afirma Vázquez y Vera.

Vázquez y Vera fue presidenta del Comité Mexicano de Ciencias Históricas. Es miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia, la Real Academia de la Historia, la American Historical Association, el Consejo de Redacción de la Historia General de América Latina de la Unesco, e integrante del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República.

La doctora ha obtenido diferentes premios: el Andrés Bello de la OEA, el Nacional de Ciencias y Artes, el Antonio García Cubas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y la distinción del gobierno de España con la Encomienda de la Orden Mérito Civil. Asimismo, ha recibido becas prestigiosas como la Rockefeller, Guggenheim, Fulbright y del Center for Advanced Studies in the Behavioral Sciences en Stanford.

Las investigaciones de la doctora Vázquez y Vera se han centrado en historia de la educación e historia política y diplomática de México en el siglo XIX. También es autora y coordinadora de diversos libros de texto, entre ellos, de ciencias sociales, historia e historia de México.

En Bioquímica

Ricardo Tapia Ibargüengoytia, quien recibió el nombramiento como miembro emérito del SNI en 2001, nació en la ciudad de México en 1940. Hizo el doctorado en Bioquímica en la Facultad de Química de la UNAM. Es investigador emérito y profesor del Instituto de Fisiología Celular de dicha universidad. Ha sido profesor en instituciones de educación superior, como el Cinvestav, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), las universidades de Guanajuato, Guadalajara y Autónoma de Puebla, de Zulia en Venezuela y de Honduras, así como en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y en institutos de salud y hospitales de la Secretaría de Salud (SSA).

"Los beneficios que ahora tenemos en la sociedad, en la medicina, en las comunicaciones, en cualquier cosa, todo depende del progreso del conocimiento científico; eso a veces no lo reconoce la sociedad, al contrario, frecuentemente la ciencia es criticada porque nada más se ven las consecuencias negativas, que cuando ocurren no es por la ciencia sino por el mal uso que se hace del conocimiento", enfatiza el doctor Tapia Ibargüengoytia.

Tapia Ibargüengoytia recibió los premios de la Academia de la Investigación Científica (hoy Academia Mexicana de Ciencias); Investigador Nacional de Excelencia; Universidad Nacional en Investigación en Ciencias Naturales; de Investigación en Epilepsia, SSA; Rosenkranz (Syntex); y Nacional de Ciencias y Artes.

Sus hallazgos han dado lugar a 147 publicaciones internacionales, incluyendo 124 artículos en revistas y 23 capítulos en libros que han sido citados más de tres mil 100 veces. En México, ha publicado seis libros, uno de divulgación científica y cinco de docencia, varios capítulos en libros y numerosos artículos de divulgación y de política científica. Ha dirigido 25 tesis de licenciatura, 16 de maestría y 12 de doctorado.

Su trabajo de investigación se ha centrado en los mecanismos neuroquímicos y neurofisiológicos de la comunicación interneuronal en el sistema nervioso central, la epilepsia, la muerte neuronal y varios modelos experimentales de enfermedades neurodegenerativas. Ha impulsado el uso del conocimiento científico en cuestiones de salud pública y bioética.

Para Tapia Ibargüengoytia el emeritazgo en el SNI es una gran satisfacción, producto de una buena y constante producción científica y la formación de nuevos investigadores a lo largo de muchos años.

"Pero también es una responsabilidad, pues ser investigador nacional emérito no confiere el privilegio de trabajar menos o retirarse de la actividad científica, sino al contrario, es un estímulo para continuar y mejorar, y para participar más activamente en la difusión de la ciencia, en impulsar que la educación a todos los niveles sea sobre bases científicas, y en lograr que la ciencia sea parte de la cultura", concluye Tapia Ibargüengoytia.

Fuente: Agencia Informativa Conacyt, 7 de septiembre de 2015.

 


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