Gastón Guzmán: el tesón de un investigador

01-12-2015



Por Nistela Villaseñor

México, DF. 26 de noviembre de 2015 (Agencia Informativa Conacyt).- Gastón Guzmán Huerta es uno de los mejores micólogos y curadores de México, y referencia obligada a nivel mundial en el estudio del género de hongos Psilocybe. Nació en Xalapa, Veracruz, en 1932. Estudió el doctorado en Biología en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y es miembro emérito del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Guzmán Huerta, quien actualmente labora en el Instituto de Ecología, A.C., en Xalapa, reconoce la labor que hicieron en su formación, tanto sus padres biológicos: el ingeniero civil Luis Pérez-Guzmán, de origen veracruzano, y Concepción Huerta Cambiacho, tampiqueña de origen italiano, de quienes heredó el gusto y la habilidad por el dibujo y la poesía; como quienes él considera sus padres académicos: la profesora Enriqueta Ortega y el doctor Jerzy Rzedowski, que le inculcaron curiosidad, entusiasmo, orden y disciplina para su profesión.

El doctor recuerda que pese a su rebeldía y deseo de trabajar en el campo: subir y bajar cerros, "o en todo caso ser bombero", porque le llamaba la atención la elegancia y sobriedad de estos en los desfiles del 16 de septiembre, Luis y Concepción lo obligaron a estudiar desde un principio.

En 1940, la familia Guzmán Huerta se trasladó de la ciudad de México a Xalapa, Veracruz, para reconstruir y administrar un rancho. "Mis padres trabajaron arduamente construyendo y sembrando árboles. Yo empecé a adquirir interés por la naturaleza: me llamaban mucho la atención las corpulentas hayas que crecían a la orilla del río y que años después me sirvieron de guía para descubrir que los hongos alucinógenos de Huautla de Jiménez, Oaxaca, también crecían en la región de Xalapa", recuerda el especialista.

De regreso a la ciudad de México en 1945, Guzmán tenía el dilema de escoger el bachillerato para continuar estudios de preparatoria. Después de mucho pensarlo y discutirlo con su madre, y con la influencia de una prima que era químico farmacéutica, egresada de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional (ENCB-IPN), se decidió que entrara al bachillerato de Ciencias para optar por la carrera de biólogo.

Guzmán Huerta tuvo "muy buenos maestros" en el Instituto Luis Vives de la ciudad de México, en donde lo inscribieron para estudiar la preparatoria; todos refugiados españoles que le inculcaron el estudio, la lectura y la meditación. Ahí conoció a la profesora Enriqueta Ortega, que le impartía clase de zoología. "Ella nos entusiasmaba a que colectáramos animales o aguas estancadas en Xochimilco".

El micólogo recuerda una vez que colectó y depositó en una pecera agua del lago de Xochimilco. Le llamó la atención que una chinche de agua, de gran tamaño, que estaba nadando en la pecera, salió y empezó a caminar por el piso, "lo cual fue un escándalo para mi familia que se aterrorizó. Yo, tirado en el suelo, observaba aquel raro animal y descubría que no era acuático sino terrestre, es decir, iniciaba mi intuición por observar la naturaleza".

Mientras cursaba la carrera de Biología en el IPN, tuvo "la suerte" de reencontrarse con su "madre académica", quien le impartió la materia de botánica; volvió a quedar tan entusiasmado con sus enseñanzas que pensó dedicarse al estudio de las plantas. Ahí mismo conoció a Rzedowski, profesor de ecología, quien lo motivó a ser disciplinado en sus trabajos y en el posgrado. "Me enseñó cómo explorar, qué notas tomar y cómo colectar. Más tarde fungió como mi asesor en la tesis doctoral; influyó antes, durante y después".

Entre el salón de clases y las exploraciones

Cuando inició el tercer año de la carrera, fue invitado por los Laboratorios Syntex para explorar y colectar durante tres meses —en compañía de tres pasantes de biología que fungieron como sus guías— la planta de barbasco, para sacar el camote, mismo que era de alto interés para los laboratorios porque de él adquirían diosgenina, que podían usar para obtener cortisona.

"Claro que pensé que mis padres no me darían permiso, pero estaba resuelto a aceptar porque casualmente estaba con la idea de abandonar la escuela por unos amoríos imposibles con una muchacha. Cuando le presenté a mi mamá la idea, hizo un escándalo: mandó llamar a mis hermanos y se discutió si aceptaba o no dicho trabajo, todos se oponían, pero como tenía fama de terco no tuvieron más remedio que aceptar mi decisión", rememora el doctor.

Gastón Guzmán regresó a la escuela al concluir los tres meses de trabajo, pero con tantas inasistencias tenía un retraso considerable. En una ocasión, saliendo de la clase de bioquímica totalmente decepcionado por no comprender las lecciones, encontró al doctor Cox, jefe del grupo de exploradores de la expedición de los Laboratorios Syntex; Cox lo estaba buscando porque los laboratorios habían decidido contratar a un explorador permanente y habían escogido a Guzmán.

Después de enfrentar nuevamente "el escándalo" en su casa, trabajó más de un año con el doctor Cox en las selvas del sureste, hasta que los laboratorios decidieron cerrar el departamento de exploración porque ya tenían los datos que necesitaban. Guzmán volvió a la escuela a reanudar el tercer año de la carrera, indemnizado por Syntex.

Cuando llegué a mi casa y le entregué a mi mamá ese dinero se espantó, llamó otra vez a mis hermanos para preguntarme de dónde había sacado tanto dinero y obviamente me creían loco, le dijeron a mi mamá que me dejara, puesto que no tenía remedio", menciona el científico.

El especialista volvió a la escuela y en la clase de bioquímica otra vez no entendió nada; la historia se repitió cuando en el patio se reencontró con el doctor Cox, quien nuevamente lo buscó para trabajar. "Orgullosamente me hizo ver que ahora eran los laboratorios Pfizer los que solicitaban el servicio de exploración, y no en México, sino en América Central".

Cox y Guzmán iniciaron en Guatemala la búsqueda de barbasco y plantas medicinales en general; sin embargo, los resultados no eran buenos, pues en América Central no se da el barbasco y los costos eran altos, razón por la que a los cinco meses se suspendió la exploración y mantuvieron el equipo en una oficina en la ciudad de México, haciendo un resumen y evaluaciones de dichas exploraciones. Guzmán renunció para reiniciar el tercer año de la carrera, "pero ya no era un jovencito enamorado sino todo un profesionista, y logré pasar las materias, terminando por fin mi carrera de biólogo".

El descubrimiento de los hongos

Gastón Guzmán colectó hongos en sus exploraciones anteriores, sobre todo en una pradera en Nicaragua, en donde encontró "bastantes hongos creciendo sobre el estiércol de las vacas", esto llamó su atención. Los campesinos le dijeron el nombre vulgar del hongo y le hicieron ver que su uso tenía cierto valor para ellos, "cosa que no le di importancia o no lo entendí, lo que ahora lamento". Varios años después, el experto supo que el hongo que había colectado era un alucinógeno (Psilocybe cubensis) que apenas se estaba descubriendo en México.

A partir de entonces, tuvo un particular interés por los hongos, como cuando fue ayudante honorífico del Laboratorio de Botánica de la ENCB-IPN en 1955, después de concluir la carrera. "Me llamó la atención la abundancia de hongos y su alta variabilidad. Cuidadosamente tomaba datos de las características del hongo, principalmente su color, ya que observaba que en el formol lo perdían; asimismo, anotaba si era de un bosque de pino, de abetos o de una pradera".

Como profesor de clases experimentales, hizo ver a sus estudiantes que "el laboratorio de botánica más importante que había era el bosque"; organizaba con ellos excursiones al Desierto de los Leones y a otros lugares para colectar hongos. Incluso, uno de sus maestros, el doctor Alfredo Barrera, que se había fijado en sus colectas, lo invitó a colectar a las Lagunas de Zempoala y al Popocatépetl.

"Continuamente me conseguía textos de botánica donde hubiera capítulos de hongos. Yo había hecho el intento de conseguir un libro de hongos y no lo encontré en las principales librerías, es decir, me di cuenta de que no había nada escrito sobre ellos, lo que me desilusionó de mis maestros: cómo se atrevían a dar una clase de hongos sin haber escrito algo sobre ellos. Me hice a la idea de que algún día escribiría un libro", afirma Gastón Guzmán.

Gracias al doctor Alfredo Barrera, conoció a Teófilo Herrera Suárez (micólogo y curador mexicano), "con quien hice una entrañable amistad que perdura hasta ahora". A decir de Guzmán, quedó sorprendido por la gran biblioteca sobre hongos que Herrera tenía, de su maestro Manuel Ruiz Oronoz, y la colección de hongos que estaban formando. "Todo lo puso a mi disposición".

Pese a que Guzmán colectaba y conocía los hongos alucinógenos, "en aquel entonces, dudaba de la veracidad de las alucinaciones", por ello, en 1958, durante una de sus estancias en Huautla de Jiménez, a cargo del compromiso con los laboratorios Geigy, decidió experimentar: comer los hongos para comprobar que en verdad eran alucinógenos.

"Todo lo que vi y sentí con tales hongos en aquel experimento lo recuerdo profundamente, como si hubiera sucedido ayer, es decir, no se me ha olvidado y a su vez no siento necesidad de comer dichos hongos, pero me siento satisfecho de haber saciado mi curiosidad por la acción de tales hongos", expresa Guzmán Huerta.

En 1959, presentó su tesis sobre taxonomía, ecología y distribución de los hongos alucinógenos de México (factores ecológicos y climáticos que influían en la distribución de los hongos), gracias a la influencia de los laboratorios químico-farmacéuticos Geigy, así como de Singer, Wasson, Heim y Schultes, personalidades relacionadas con el mundo de la micología, y a quienes incluso dedicó su ensayo, por el cual obtuvo mención honorífica.

La pasión por el descubrimiento

Como científico, admite que disfruta mucho la investigación y descubrir nuevos datos y nuevas especies. “La investigación científica sobre los hongos, directa o indirectamente, ha sido mi pasión por muchos años y continuará hasta que el cuerpo quiera. A mis 60 y pico de años, trabajando en ellos, no pienso jubilarme. Es más, quisiera tener más tiempo para poder escribir todo lo que tengo en la cabeza. Colectar y registrar hongos ha sido mi gusto por muchos años. Llevo así registrados más de 41 mil hongos, debidamente depositados en las colecciones de hongos nacionales y extranjeras”, afirma. 

Fuente: Agencia Informativa Conacyt, 26 de noviembre de 2015.

 


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