“Hoy estamos perdiendo la figura del profesor como factor de guía y cambio”: Omar López-Cruz

08-03-2016



Los cielos nocturnos de “San Luquitas” cultivaron un astrónomo. Omar López-Cruz forma parte de una generación de investigadores que toma la estafeta de los grandes astrónomos mexicanos que siguen activos. El astrofísico no sólo tiene el conocimiento para mantener alto el nivel de esta ciencia, sino que además posee una historia maravillosa en la ciencia, que inició antes de esa noche en el poblado de Mulegé, Baja California Sur, —cuando tenía 13 años— donde desde la playa observó las estrellas abrirse paso tras una tormenta de relámpagos centelleantes.

Su papá trabajó en la Fuerza Aérea Mexicana y para 1964, junto con su mamá, se trasladaron de La Paz a San Lucas —“San Luquitas” le dice la gente para no confundirlo con Cabo San Lucas—. “Ahí estaba, con 400 litros de gasolina en esa pista de la Fuerza Aérea, donde trabajó en el reabastecimiento de combustible de las aeronaves. Entre La Paz y Ensenada hay más de mil kilómetros, entonces, los aviones no tenían la autonomía para atravesar todo el territorio por lo que debían recargar a la mitad del camino”.

El lugar era maravilloso, recuerda, una villa de pescadores donde nadie quería ser trasladado, pero en el que su padre buscó estabilidad laboral. “Ahí me crié, junto al mar, en la playa. Aunque no había servicios nunca me faltó nada, si acaso íbamos a Santa Rosalía (a 20 kilómetros) los sábados a ver el box. Yo jugaba con otros niños”.

Pero aún antes de esa noche de epifanía a los 13 años, cuando entendió que su futuro estaba vinculado con el cielo, los cimientos de su carrera astronómica ya estaban ahí, en las aulas. “Yo soy astrónomo gracias a mis profesores”, tres específicamente. Cuando tenía 12 años, en 1977, y vivía en La Paz, formó parte del grupo de sexto año de la Escuela Primaria Ignacio Zaragoza que participó en el concurso estatal “Estudia y vencerás”. Ganaron.

“Nuestro maestro tomó horas extras para prepararnos, venía por las tardes y entrenaba al equipo; no tenía que hacerlo, ya había dado su clase, sin embargo nos hizo campeones. Él marcó mi vida”.
En la secundaria, y después de haberse mudado a la pequeña localidad cerca de Santa Rosalía, frente al Mar de Cortés, conoció a una profesora de matemáticas que cambió su forma de entenderlas. “Yo creí que iba a ser abogado, porque era malo para las cuentas. No obstante, la profesora me explicó que las matemáticas no se tratan de hacer operaciones, sino de razonar e imaginar. Fue así como les perdí el miedo”.

Ya con confianza y agrado por las matemáticas abandonó sus ideas sobre dedicarse a las “leyes de los hombres” y se introdujo a las de la física. En la preparatoria cursó con la única licenciada en matemáticas de todo el estado, Silvia Moreno Bravo, quien le explicó que si quería ser astrónomo debía ir a la Ciudad de México y estudiar en la UNAM o el IPN en el área físico-matemática.

Así lo hizo y comenzó una carrera académica en el Politécnico que lo llevó por el mundo para después regresar a hacer astronomía en el país. Pero ese preámbulo está más que claro. “Hoy en día ignoramos al profesor como factor de guía y cambio, incluso está muy devaluado serlo y es muy triste. Muchas veces desconocemos cuántas vidas puede salvar un maestro de primaria o secundaria”, señala en entrevista.

“Sin las guías de mis maestros quizá me hubiera perdido en otra cosa y no habría sido astrónomo. Desafortunadamente estamos perdiendo la figura del profesor y se ha manchado, devaluado, ya nadie quiere ser profesor, ni si quiera les pagan lo que merecen. Es muy importante que los maestros estén bien preparados porque uno se puede salvar gracias a ellos”.

AL INICIO DEL UNIVERSO. El actual investigador del Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica (INAOE) —después de hacer su posgrado en la Universidad de Toronto, Canadá— lideró a un grupo de astrónomos para detectar el mayor agujero negro masivo en el Universo, un titán cuya masa es de 10 mil veces la del Sol, y cuyo tamaño es del tamaño de la Vía Láctea.

Ahora, entre otros trabajos, lleva a cabo una prospección en islas del Pacífico mexicano en busca de lugares aptos para instalar infraestructura que permita hacer investigación cosmológica y detecte la radiación de hidrógeno a 21 centímetros, con la cual se podría escudriñar galaxias, estrellas y agujeros negros, al inicio de su formación.

Hasta ahora ha hecho análisis que posicionan a la Isla Guadalupe como un fuerte candidato para hacer este tipo de astronomía, que a diferencia de la contaminación lumínica que afecta a los observatorios y telescopios comunes, debe evitar las ondas de radio y televisión.

Pero el proyecto más importante para el astrónomo estaría todavía por venir y consiste en regresar a su lugar de origen. “Yo tuve que salir del estado para estudiar el área físico-matemática, y actualmente no hay una escuela o facultad en el estado. Mi sueño es regresar  y repatriar a los que han estudiado estas ciencias,  porque uno siempre quiere estar cerca de casa, pero las oportunidades de trabajo no existen”.

El centro que imagina el científico se compondría de posgrados en astronomía, cosmología y ciencias del espacio, y tendría vínculo con la Agencia Espacial Mexicana, refiere. “Después de andar por el mundo quiero regresar donde empecé, pero no nada más así, retirarme para morir, sino empezar algo que nadie se ha atrevido a hacer todavía”.

Omar López se forjó un camino en la ciencia influenciado desde múltiples frentes, en algún momento de su juventud la serie “Cosmos” y el célebre Carl Sagan atizaron al protoastrónomo que estaba por germinar. Ha sido un recorrido de trabajo arduo dentro y fuera del país, pero el astrofísico pródigo de Baja California Sur ahora se encuentra entre la crema y nata de la astronomía mexicana.

“Me crié en una villa de pescadores donde, por las noches, las estrellas eran la única luz. Ese cielo oscuro fue determinante. En la actualidad conozco y tengo contacto con personajes como Silvia Torres o Arcadio Poveda (buenísima gente) a quienes yo leía en la universidad. Ahora puedo decir ‘ya estoy aquí, ya llegué’”.

Crédito de la fotografía: Omar López con Vera Rubin, que demostró evidencia de la existencia de la materia oscura. Fotografía tomada en 1992.

Fuente: Crónica, 7 de febrero de 2016.

 


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