Proyecto de anticonceptivo masculino basado en venenos

17-08-2016



  • Análisis científico de la ponzoña de arañas; participa el gobierno de la Ciudad de México

 

Patricia López

En los venenos de arañas, víboras y alacranes podría esconderse el secreto para un anticonceptivo masculino. Investigadores del Instituto de Fisiología Celular (IFC) y del Instituto de Biotecnología (IBt) han probado ya 340 toxinas entre más de 950 aisladas de diversos animales ponzoñosos por Lourival Possani y Alejandro Alagón, ambos de la última instancia académica. Cinco de éstas muestran efectos inhibitorios claros sobre la respuesta de espermatozoides humanos a la progesterona.

El proyecto, liderado por Alberto Darszon del IBt, inició en 2013 gracias a un donativo de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación del gobierno de la Ciudad de México (Seciti), que encabeza René Drucker, investigador emérito de la UNAM.

La iniciativa “es atractiva porque nos da la oportunidad de descubrir una sustancia que funcione como anticonceptivo masculino, que sería reversible, pues al dejar de tomar la dosis el hombre volvería a tener espermatozoides capaces de fecundar al óvulo. Nuestro país tiene historia de haber participado en el desarrollo de anticonceptivos femeninos. Para continuar con esa tradición, la Seciti decidió apoyar esta interesante posibilidad”, señaló Drucker, también investigador del IFC.

Por su parte, los científicos Arturo Hernández Cruz y Arturo Picones Medina, del IFC y corresponsables, junto con Alberto Darzson en esta investigación, detallaron que las toxinas provenientes de venenos frecuentemente actúan inhibiendo canales iónicos en células excitables. Los espermatozoides humanos poseen en su membrana dos canales iónicos específicos (CatSper y Slo-3) y la idea es buscar agentes que puedan inhibirlos selectivamente, impidiendo el movimiento normal del flagelo y la capacidad del espermatozoide de fecundar al óvulo.

¿Qué son los canales iónicos?

Los canales iónicos son proteínas que atraviesan la membrana celular y dejan pasar iones de manera regulada. Son esenciales para la función de todas las células del organismo, especialmente las musculares, nerviosas y cardiacas. Por su parte, las canalopatías son enfermedades causadas por la presencia de canales iónicos anormales; éstas abarcan desde canales alterados por toxinas que los ocluyen o los dejan abiertos, canalopatías adquiridas por fenómenos autoinmunes, donde los anticuerpos atacan alguno iónico.

También hay padecimientos ocasionados por medicamentos que interfieren con la función de un canal iónico alterado. Otras canalopatías son hereditarias (aparecen por defectos genéticos o mutaciones). Arturo Picones Medina, director del Laboratorio Nacional de Canalopatías, (LaNCa) puntualizó que ahí se estudian los efectos sobre canales iónicos de toxinas de organismos marinos y la participación de aquéllos en la biología del cáncer. El LaNCa iniciará en breve pruebas funcionales en espermatozoides humanos expuestos a alguna de las toxinas ya identificadas.


Laboratorio Nacional de Canalopatías

Con la idea de ampliar los alcances de las investigaciones, se creó en 2015 el Laboratorio Nacional de Canalopatías (LaNCa) con el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. El LaNCa tiene como objetivo estudiar a nivel molecular, celular y tisular la función normal de los canales iónicos y su regulación así como las alteraciones que resultan de anomalías genéticas o adquiridas y que predisponen a diferentes enfermedades.

El aspecto más relevante del laboratorio es la automatización de sus procesos, lo cual permite un tamizaje rápido y eficiente dirigido a la identificación de compuestos (fármacos y toxinas) que modifican la función de canales iónicos. En el corto tiempo desde su puesta en marcha, el LaNCa (el primero de su tipo en Latinoamérica) da servicio y colabora con investigadores de los institutos de Fisiología Celular, Química, Biotecnología y Ciencias del Mar y Limnología, y de las facultades de Ciencias y de Medicina de la UNAM, del Instituto de Fisiología de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y del Centro de Investigaciones Biomédicas de la Universidad de Colima.

Extracción de biotoxinas. Foto: cortesía de Arturo Hernández.

 

Fuente: Gaceta Digital UNAM, 4 de agosto de 2016.

 


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