De la Peña Topete, el investigador apasionado de las humanidades

14-09-2016



Por Armando Bonilla

Ciudad de México. 29 de agosto de 2016 (Agencia Informativa Conacyt).- Cuando joven, Guillermo de la Peña Topete se sentía atraído hacia diversas materias en el campo de las humanidades y no tenía claro a qué se quería dedicar exactamente; no obstante, gracias a diversos factores encontró su vocación y hoy en día es un connotado antropólogo social.

“De joven sentía que mi vocación, lo que me gustaba y lo que quería hacer, tendría que estar relacionada con estudios humanísticos. Me gustaba la filosofía, la literatura y la crítica literaria. Me veía como alguien que podría ser profesor en esos temas, hacer investigación y escribir”.

Una vez que comenzó a tomar algunos cursos en la Universidad Iberoamericana (UIA), el entonces joven De la Peña Topete se encontró con profesores como Ángel Palerm y Pablo Latapí —con quien colaboraba como asistente de investigación—, quienes lo hicieron comprender que su verdadera vocación estaba en la antropología social.

Al respecto, De la Peña Topete recordó que durante un seminario con el profesor Pablo Latapí sobre filosofía mexicana del siglo XX, leyó a José Vasconcelos, Antonio Caso, Samuel Ramos y Luis Villoro, cuyas obras lo incitaron aún más a enfocarse en la investigación relacionada con temas sociales.

“Leyéndolos surgió la idea de enfocarme dentro de esta área (las humanidades) que yo aún vislumbraba de una manera muy amplia, hacia los temas sociales. Fue así que bajo la guía de Ángel Palerm encontré la especificación de este campo en la antropología social”.

Aun cuando hubo otros profesores que lograron dejar huella en él, ellos —Palerm y Latapí— dijo, fueron su “influencia más grande e incluso me apoyaron para que consiguiera una beca que a la postre me permitiría completar mi formación académica en la Universidad de Manchester, en Reino Unido, donde realicé una maestría y un doctorado”.

Los retos de la etapa académica

En un ejercicio de memoria y honestidad al mismo tiempo, el doctor reconoció que no todo fue bueno durante su etapa de formación académica y que incluso cuando decidió estudiar en el extranjero experimentó una pequeña crisis emocional que giró en torno a las dificultades propias del cambio de país.

El principal problema, relató, llegó cuando entendió que aun cuando hablaba y entendía el idioma inglés, no lo dominaba lo suficiente; asimismo, tuvo problemas de alojamiento y el clima le resultó complicado (llovía todo el tiempo), esas situaciones lo desanimaron hasta el punto de pensar: “¿qué estoy haciendo aquí? ¡Si yo estaba muy a gusto en México!”.

Pese a esos problemas, aseguró que logró adaptarse exitosamente al ambiente universitario de aquel país, motivado por varios factores, siendo el principal su pasión por la antropología social, pero también la sensación de fracaso que le quedaría si tomaba la decisión de regresar.

“Nunca tuve dudas sobre la carrera que había escogido, pero sí sobre mi continuidad en la maestría (…) Fueron varios los factores que me motivaron a continuar, primero la vergüenza de sentirlo como un fracaso y segundo la responsabilidad hacia los maestros que me apoyaron para conseguir una beca, que en aquel tiempo era más complicado conseguirla. Tuve además la suerte de que varios de mis maestros en Manchester se convirtieran en mis amigos personales, y entre mis compañeras y compañeros encontré también muy buenas amistades”.

Primeros acercamientos con el mundo de la investigación

De acuerdo con el doctor De la Peña Topete, quien hoy en día es profesor investigador titular del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), Unidad Occidente, descubrió su vocación por la investigación cuando en un grupo de la UIA realizó una práctica de campo.

“Fuimos al Valle del Mezquital y dentro de ese recorrido se me encomendaron varias tareas, recuerdo que una de ellas era preguntar a la gente su relación con la política; estuvimos en dos pueblos indígenas donde mucha gente no hablaba más que otomí, así que tuvimos que buscar apoyo con los que sí hablaban castellano e intentar dialogar con una cultura diferente. Todo ese trabajo me impresionó mucho”.

En ese momento, el doctor entendió que le gustaría abordar temas relacionados con la sociedad mexicana. “Posteriormente, mi primera investigación formal, de campo, fue durante mi tesis de maestría en Manchester, donde me tocó realizar una investigación con un grupo de gitanos en la periferia de Madrid”.

Al respecto, recordó que utilizó el dinero de su beca para contactar con una comunidad gitana, con la cual convivió durante dos meses. “Estuve dos meses trabajando con ellos, viví ahí, con ellos, y de esa experiencia salió mi tesis de maestría, la cual derivó en una publicación”.

A partir de ahí, siguió su labor de investigación y a lo largo de los años se enfocó en cuatro grandes líneas. Estas se refieren al estudio de la desigualdad de las oportunidades educativas en el país; a las transformaciones, conflictos y resistencias en las regiones campesinas de México; a la importancia de los procesos de intermediación en la conformación política, económica y social de la sociedad mexicana y en el desarrollo de un tipo de cultura política; y, por último, a la forma en que operan en el país las relaciones interétnicas (entre los pueblos indígenas, la sociedad mexicana y el Estado).

Una mirada a sus proyectos más relevantes

Dentro de esas cuatro grandes líneas de investigación, se encuentran contenidos importantes proyectos, todos ellos derivados de grandes esfuerzos; no obstante, existen tres que el propio investigador considera sus trabajos más relevantes.

El primero de ellos es un trabajo realizado al comienzo de su carrera en los Altos de Morelos, en el que inició a un grupo de alumnos en la investigación de campo. De este proyecto se desprendió su tesis doctoral y un libro titulado Herederos de promesas. Agricultura política y ritual en los Altos de Morelos.

El segundo trabajo que le representa gran orgullo fue uno realizado al sur de Jalisco, el cual realizó a lo largo de seis años de manera colectiva e interinstitucional, aunque él fue quien lo dirigió. El grupo formado durante ese proyecto se convirtió en el núcleo de la creación de la Unidad Occidente de CIESAS, fundada por el investigador en 1987.

El tercer gran proyecto, desde su óptica personal, es uno colectivo que le ha tomado más de diez años y en el cual estudia la combinación de las relaciones interétnicas con el estudio de la cultura política en la zona metropolitana de Guadalajara. “En este proyecto he puesto especial énfasis últimamente en el tema de los niños indígenas en las escuelas urbanas y en la suerte de las generaciones jóvenes”.

La familia y la ciencia

Tal y como ocurre en muchas otras profesiones, el quehacer científico resulta un trabajo muy demandante, donde día a día se viven largas jornadas de trabajo, ello con el único gran objetivo de llevar a buen puerto un proyecto; no obstante, esto puede significar un reto mayor a la hora de combinar la actividad profesional con la vida personal.

Sin embargo, en el caso del investigador no ocurrió así ya que contó con la fortuna de que su esposa también estuviera involucrada con el mundo académico, así que siempre se sintió comprendido y apoyado por ella. La mayor complicación fueron los cambios de domicilio, sobre todo al extranjero cuando su profesión así lo requirió, porque ello implicaba dificultades en la formación académica de sus hijos.

“No podría pensar todo lo que ha habido de bueno en mi trabajo, sin la presencia y apoyo de mi familia”, concluyó.

 

Guillermo de la Peña Topete

Miembro del Seminario Permanente las Ciencias y las Tecnologías en México en el Siglo XXI

Miembro del SNI (nivel III)

Miembro de la AMC

Director fundador:

• Centro de Estudios Antropológicos de El Colegio de Michoacán

• Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), Unidad Occidente

 

Fuente: Agencia Informativa Conacyt, 29 de agosto de 2016.

 


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