Kurt Bernardo Wolf, la ciencia como experiencia de vida

17-09-2016



Por Armando Bonilla

Ciudad de México. 6 de septiembre de 2016 (Agencia Informativa Conacyt).- Para muchas personas los llamados de la vocación tardan en llegar; comienzan a manifestarse en la recta final de la preparatoria, cuando se aclaran sus intereses y facilidad personal en determinadas áreas profesionales.

No obstante, también existen casos donde en la infancia ya se sabe a qué se quiere uno dedicar el resto de su vida, ese deseo manifiesto se convierte en una realidad durante la etapa adulta. En estos casos, donde la verdadera vocación se descubre a temprana edad, las posibilidades de convertirse en un profesional exitoso son muchas.

Ejemplos de ello son numerosos y en el mundo de las ciencias no son excepción. Para entenderlo basta con voltear la mirada hacia la experiencia del doctor Kurt Bernardo Wolf Bogner, conocido físico teórico que se ha caracterizado a lo largo de su carrera por su generación de conocimiento en ciencia básica, trabajo que le ha valido diversos reconocimientos.

La vocación científica y la curiosidad

En entrevista exclusiva con la Agencia Informativa Conacyt, el doctor Bernardo Wolf explicó que nunca tuvo muchas dudas en torno a qué se dedicaría. Al respecto recordó que siempre sintió atracción por las ciencias exactas, tales como la física y las matemáticas; su padre era ingeniero y eso le dio contexto para educar a su hijo e impulsar su curiosidad para saber cómo funcionan las cosas.

“Recuerdo que desde chico mi padre me regalaba juegos como el famoso Meccano, microscopios y telescopios; asimismo, posters de anatomía y cosas por el estilo”. En ese contexto, creció su interés por las ciencias y desde que se enteró de la existencia de la carrera de física teórica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), supo que a eso se quería dedicar.

Comenzó su formación de nivel licenciatura en la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde elaboró su tesis en 1965 bajo la dirección del doctor Marcos Moshinsky, en un tema de física nuclear mediante teoría de grupos y cómputo simbólico basado en el Fortran (lenguaje de programación de entonces).

Posteriormente, estudió el posgrado en el Instituto Weizmann de Ciencia, en Rehovoth, Israel, y en 1967 lo mudaron al Departamento de Física de la Universidad de Tel Aviv, cuando el profesor Yuval Ne'eman abrió el posgrado en esa universidad. Allí trabajó en su tesis sobre partículas elementales y teoría de grupos bajo la dirección del propio Ne'eman y en el verano de 1969 inició un año posdoctoral en el Instituto de Física Teórica, en Gotemburgo, Suecia.

Debido a que la curiosidad y los intereses de conocer el mundo a menudo acompañan al científico, durante las vacaciones del posgrado —las de Pésaj/Semana Santa, Janucá/Navidad— y en cuanta oportunidad hubo, Bernardo viajaba por los continentes vecinos a Israel.

En estricto autostop recorrió de Viena a Copenhague, de Nairobi a Buyumbura y de Estambul a Teherán, de Kabul a Islamabad, más tramos anexos. La pasión por el alpinismo que inició en México lo llevó al Etna, al monte Sinaí, al Kilimanjaro y a la última población en las estribaciones del Annapurna.

En alguna ocasión, el doctor Marcos Moshinsky visitó el Instituto Weizmann y Bernardo le contó de sus planes para dedicarse tiempo completo a recorrer el mundo, escribiendo para National Geographic o algo por el estilo. No obstante, la esposa del doctor Moshinsky, Elena Aizen intervino y lo “puso pinto” (sic) por querer desaprovechar los estudios; ante ello decidió entonces que debía seguir esa, su verdadera vocación.

Cambios de interés y campos de trabajo

“Hice mi tesis sobre la estructura nuclear del flúor 19, asesorado por el doctor Marcos Moshinsky, y bajo la tutela de Jorge Flores, Pier Mello y Elpidio Chacón, quienes nos ‘seminareaban’ temas de la teoría de los grupos unitarios U(n). Don Marcos (así nos referíamos a él) acostumbraba reunirse con sus alumnos invitándonos a su casa. Siempre fue un segundo padre para nosotros; connotado como científico, no se ha reconocido lo suficiente por sus bellísimas cualidades personales”.

La estancia de Bernardo Wolf en la Universidad de Tel Aviv coincidió con la validación del modelo del grupo unitario SU(3), constatando el descubrimiento de la partícula omega menos predicha por Murray Gell-Mann y Yuval Ne'eman. La experiencia de Bernardo con los grupos unitarios vino entonces a ser muy útil; sin embargo, para el final de sus estudios, se vio que el modelo SU(3) predecía partículas que no se encontraban, y no predecía otras que sí existían.

“El campo se volvió un rat race (carrera de galgos —en versión castellana más caritativa—)”. Por ello durante el trabajo en Suecia, Bernardo volvió a la teoría abstracta de grupos y sus representaciones; este cuerpo de conocimiento describe las simetrías de sistemas físicos o de objetos geométricos, así como sus transformaciones. Allí escribió un artículo sobre las transformaciones relativistas en N dimensiones sobre esferas; esto dio pie a una línea de trabajo posterior, durante varios años, con el doctor Charles Boyer sobre deformaciones y contracciones de todos los grupos clásicos.

El doctor Wolf regresó a México en enero de 1971. Se acababa de establecer el (ahora) Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS-UNAM), y “en aquel entonces era relativamente fácil conseguir una plaza de investigador en una universidad en México cuando se había cursado algún posgrado”.

En su trabajo, siguió líneas de investigación sobre modelos matemáticos, a tal punto que sus colegas pensaban que era matemático. Colaboró nuevamente con el doctor Marcos Moshinsky, quien en 1971 había publicado su trabajo (conjunto con Christiane Quesne) sobre transformaciones canónicas del espacio fase en un modelo cuántico, retomándolo para describir procesos sin pérdida de información y la difusión de calor.

Estos desarrollos formaron los últimos dos capítulos de su libro Integral Transforms in Science and Engineering (Plenum, 1979). Sin embargo, esto pareció producir poco impacto en citas por otros autores. Hubo que esperar 20 años para que este volumen fuese generosamente citado como primera fuente y desarrollo del campo iniciado por Marcos Moshinsky, pero trasladado al campo de la óptica.

La simetría de la luz

En 1984 llegó a Bernardo un artículo que abordaba aberraciones ópticas. El autor de este artículo, Alex J. Dragt, trabajaba en las aberraciones de los sistemas magnéticos que se usarían para el proyecto del Superconducting Super Collider, en Texas (que finalmente no fue construido).

Esto volcó el interés de Bernardo en la descripción, con las técnicas de la teoría de grupos, de la clasificación y concatenación de aberraciones genéricas, algunos teoremas y su cálculo simbólico a orden 7. Nuevamente, esto pareció producir poco impacto en citas por otros autores.

Con este material base y los siguientes 20 años de trabajar en óptica, publicó su segundo libro de investigación Geometric Optics on Phase Space (Springer, 2004). Para entonces, estos trabajos y los previos comenzaron a recibir mucha atención en óptica, donde las transformaciones canónicas se utilizaban crecientemente en sistemas ópticos que no forman imagen, pero que manejan la información provista por tiempo y frecuencia, como lo hace una partitura musical.

“Lo que esto me enseña es que actualmente en física-matemática hay que esperar dos décadas para que algo se use, aunque en tiempos de Copérnico eran dos siglos”, afirmó Bernardo con una sonrisa. Actualmente trabaja con la 'óptica discreta' de pantallas pixeladas, rectangulares o circulares, donde el grupo de transformaciones sigue a las de la óptica geométrica, pero sin la pérdida de información inherente en métodos de interpolación para los programas comerciales de cómputo.

Andanzas en el mundo real

En abril de 1985, Bernardo Wolf cambió su lugar de trabajo al recién creado polo de desarrollo de la UNAM en Cuernavaca, Morelos, lo que hoy es el Instituto de Ciencias Físicas. Había convocado meses atrás a un simposio sobre los métodos de simetría en la óptica con el apoyo del entonces llamado Centro Internacional de Física y Matemáticas Orientadas, propuesto en 1981 por la UNAM, la SEP y con apoyo del recién creado Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), que tendría sede en Cuernavaca y estaría organizado como el conocido ICTP (International Centre for Theoretical Physics) en Trieste, Italia.

Sin embargo, con el cambio de presidente, la crisis económica de 1982 y una sucesión de desencuentros burocráticos, el proyecto se congeló. En 1984, el proyecto del Centro Internacional fue galantemente revivido pero de nuevo cayó presa de desencuentros burocráticos.

Más adelante, con el apoyo de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) un grupo de académicos retomó entonces su creación como asociación civil. El doctor Marcos Moshinsky fungió como presidente y Bernardo Wolf fue director del centro durante los dos primeros periodos 1985-1993. El centro es ahora Centro Internacional de Ciencias A.C. (CICAC).

“Organizamos más de una docena de simposios y congresos, nacionales e internacionales, publicamos volúmenes de memorias, e hicimos algo para poner a Cuernavaca en el mapa de la ciencia internacional”, afirmó con satisfacción en su timbre de voz.

El doctor Wolf se ha mantenido lejos de puestos académico-administrativos (excepto por un corto periodo como director interino del IIMAS “para probar cómo se sentía”). Si bien ha sido y es responsable de los proyectos de óptica matemática apoyados por la UNAM y Conacyt, el placer de su vida es leer, escribir, dar clase y platicar con sus estudiantes.

Luego de haberse dedicado al quehacer científico, el doctor Kurt Bernardo Wolf podría hacer un alto en el camino, mirar hacia atrás y hacer un análisis de lo que ha logrado y lo que querría lograr. Considera que la ciencia le ha dado prácticamente todo: “Me ha dado de comer, en primera instancia, y me ha dado enormes satisfacciones”, reconoce en voz baja. Añade que aun cuando ya supera los 70 años y muchas cosas han cambiado en el estamento científico, desea vivir 70 años más.

 

Actualidad

Kurt Bernardo Wolf es investigador titular C en el Instituto de Ciencias Físicas de la UNAM, Cuernavaca; pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel III y es miembro del Seminario Permanente de Investigadores.

 Premios

• Premio de Ciencias Exactas, Academia Mexicana de Ciencias (1981)

• Premio de la Academia Mexicana de Óptica (1988)

• Medalla Marcos Moshinsky, UNAM (1999)

 

Fuente: Agencia Informativa Conacyt, 6 de septiembre de 2016.


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