“No recuerdo por qué me interesó la poesía”

30-09-2014



Isaac Torres Cruz | Academia

"Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. (…) Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos”, cita Ricardo Tapia Ibargüengoytia en el artículo “La materia de la memoria”, publicado en la Revista de la Universidad de México. En éste refiere que Borges parece describir un caso clínico en “Funes el memorioso”. Al final del texto también cita el poema “La promesa” de Rosario Castellanos: “… No será mi destino el del viento que llega solo y desmemoriado”. Las referencias no son fortuitas, puesto que científico es un ávido lector de literatura latinoamericana.

En el vasto currículum de Ricardo Tapia es posible encontrar cientos de artículos científicos, pero también cuenta con otros más de divulgación de la ciencia y de opinión, como el anterior. Algunos de éstos han aparecido también en páginas de Crónica, El Universal, La Jornada, Ciencia, Etcétera, entre muchos otros.

Además, el científico cuenta con un par de textos publicados en la revista Vuelta: el primero, publicado en 1978, bajo el nombre “Desarrollo, subdesarrollo y ciencia básica en México”; el otro es un poco distinto. “Me publicaron un poema en la revista cuando la dirigía Octavio Paz”, y que escribió a partir de otro que había leído anteriormente en esta publicación cultural.

“Epitafio” apareció en 1984 y fue aceptado por Gabriel Zaid, para entonces lugarteniente de Paz en la revista, menciona el científico en entrevista. Esto es solo reflejo de su gusto por la literatura y, en especial, por la poesía. No recuerda por qué exactamente nació ese interés, pero sí que inició en buena medida con la lectura de los poemas de Carlos Pellicer.

“Siempre me gustó la naturaleza y la poesía de Pellicer, que conocí quien sabe cómo”. Sus autores favoritos van desde Ramón López Velarde, pasando por Los Contemporáneos hasta llegar a Octavio Paz, Jaime Sabines, Pablo Neruda, Gonzalo, Rojas, José Emilio Pacheco, Rosario Castellanos –una clara favorita—, pero también habla de otros personajes como Federico García Lorca o Roberto Juarroz.

“A quien no había leído es a Efraín Huerta, pero ahora con sus homenajes [por el centenario de su nacimiento] se publicó su antología y ya la tengo”. Otro poeta que era nuevo para él fue Tomas Tranströmer, quien obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 2011. “Nadie hizo mucho ruido por él porque había publicado pocos libros, pero yo los fui a comprar al día siguiente de anunciarse el Nobel”.

Hace mucho que dejó de escribir poesía, pero el investigador emérito del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM continúa con su prolífica trayectoria divulgativa, ya sea dando referencias o citas del biólogo Jacques Monod, Jorge Luis Borges o Rosario Castellanos, entre otros.

INVESTIGACIÓN. Pero Ricardo Tapia es mejor conocido dentro y fuera del país por su actividad científica, así como por las actividades que ha llevado a cabo a favor de una bioética en el país. Actualmente, es presidente de El Colegio de Bioética de México.

Así, desde su laboratorio el bioquímico estudia algunos de los mecanismos presentes en enfermedades neurodegenerativas a través de la experimentación con ratas de laboratorio. Con sus estudiantes, en los últimos 15 años se ha enfocado a la investigación de la esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad que afecta a las neuronas que mueven los músculos, por lo cual las personas que la padecen quedan paralizada progresivamente, aunque mentalmente no hay daño.

“Esta enfermedad es como el negativo del Alzheimer, puesto que en ésta mueren las neuronas relacionadas con la memoria, pero la gente se puede mover”.

El investigador busca por qué mueren estás neuronas y refiere que si bien existen causas genéticas bien identificadas en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, Alzheimer y la esclerosis lateral amiotrófica, solo representan el origen del padecimiento en 10 por ciento de los casos.

“Pero en el resto no hay causas reconocibles, no obstante que se han buscado por todos lados”. Eso es lo que buscan: por qué y cómo se muere una neurona y por qué específicamente una u otra.

Pero ¿por qué en la esclerosis lateral amiotrófica mueren las neuronas de los músculos?, señala el investigador. “No lo sabemos y hasta que esto no cambie no habrá tratamientos para la enfermedad”.

Hasta entonces, el único tratamiento efectivo sería sustituir las neuronas muertas provocadas por esta enfermedad, acota, pero lograrlo en el sistema nervioso central implica grandes complicaciones porque las neuronas a veces se conectan a grandes distancias con otras, entonces un tratamiento así debería establecer esa comunicación.

Pero qué tan cerca está la investigación científica de acercarse a la respuesta de dicha pregunta. “Uno nunca sabe qué tan lejos o cerca está, porque la ciencia, para alcanzar aplicaciones, avanza con pasos progresivos que a veces se conectan de la manera más inesperada. Uno puede decir ‘voy a hacer este experimento para responder esta pregunta’, pero ésta debe ser más concreta que eso”.

En su caso, la gran pregunta que se hace en su experimento, menciona, es ¿por qué se mueren las neuronas motoras en la esclerosis lateral amiotrófica? “Pero es una tan gorda se debe de hacer de otra forma: ¿qué le pasa a una neurona bioquímicamente? Y de ahí parto a la pregunta específica: ¿qué cambio químico puede haber en una neurona que se muere?”.

Para responderlas, el científico y su equipo emplean información sobre los mecanismos que pueden matar una célula, para después hacer experimentos en un cultivo celular o en la médula espinal de una rata de laboratorio.

Así, los investigadores entienden poco a poco por qué algunas de las sustancias que inyectan a la rata mata a sus neuronas motoras y, como consecuencia, la paraliza. Simulan la enfermedad, solo que de esta forma no saben aún qué es lo primero que ocurre para que se muera la neurona. En sus ratas lo saben porque están induciendo su muerte y observan qué sucede bioquímicamente. “Así podemos contestar varias preguntas, pero no la que explica ¿por qué una persona normal de repente padece los síntomas de la enfermedad y por qué no hay manera de detenerla?”.

Quizá el científico halle pistas o piezas de esta respuesta en los próximos años, las cuales publicará en alguna revista de alto impacto internacional, como lo hace regularmente. Pero, probablemente, también nos lo explique en un artículo de divulgación, el cual adorne con alguno de sus literatos favoritos.

Fuente: La Crónica de Hoy. 28 de septiembre de 2014.
 

 


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