Necesitamos un ecosistema diverso de comunicadores de la ciencia: Antimio Cruz

11-12-2014



Ciudad de México, 9 de diciembre de 2014.- México requiere un ecosistema de comunicadores de la ciencia que sepa identificar los gustos y necesidades de información de los distintos sectores su sociedad.

Así lo dijo Antimio Cruz durante la entrega de reconocimientos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) a periodistas, divulgadores, fotógrafos y profesores que participaron en los concursos de Cuadernos de Experimentos y Nacional de Fotografía Científica, así como el Premio Nacional de Periodismo y Divulgación Científica.

En representación de los ganadores, el colaborador del Seminario permanente las ciencias y las tecnologías en México en el Siglo XXI señaló que todos los que trabajan en la comunicación y divulgación de la ciencia son igualmente importantes, tanto el que escribe para los directores generales de empresas que toman decisiones sobre inversiones e innovación como quien elabora Mi primer periódico, editado por la SEP.

“No hay en México quien pueda decir que es capaz de elaborar un mensaje que todos entiendan, porque hay una gran diversidad de receptores y porque hay una gran diversidad de realidades. Por eso, se requiere también una gran población de comunicadores: escritores, fotógrafos, diseñadores, especialistas en arte que juntos formamos una especie de ‘masa crítica’ de la comunicación de la ciencia que podría atender a más públicos, identificando los apetitos y necesidades de conocimientos que ya tienen”.

El experimentado reportero señaló que formar este ecosistema de comunicadores de la ciencia es responsabilidad de todos, pero particularmente del Estado mexicano.

En su discurso, el reportero recordó una frase del poeta Fernando Pessoa: el hombre es un abismo que mira hacia otro abismo, para referirse a la complejidad del trabajo de los comunicadores de la ciencia.

“Los divulgadores y periodistas de ciencia miramos hacia un territorio gigantesco y vasto que es ese continente donde habitan el conocimiento generado por la ciencia, las aplicaciones aportadas por la tecnología, y la riqueza y bienestar generados por la innovación, y después tenemos que voltear y compartir esos que vimos a una población tan vasta como la que integra una mujer que trabaja en una maquiladora en Ciudad Juárez, un joven activista político de Tláhuac, un veterano microempresario que fabrica crema de rancho en Yecapixtla o un niño que sueña con ser astronauta.”

Antimio Cruz, quien en la edición más reciente del Premio de Periodismo y Divulgación Científica del Conacyt obtuvo el tercer lugar, señaló que uno de los retos de los comunicadores de la ciencia está relacionado con el acceso a  las nuevas tecnologías, las cuales demandan contenidos cada vez más personalizados para públicos más específicos.

“Todavía faltan muchos mensajes que decirle a la población en México: la gente tiene que saber que en este país hay grandes físicos, biólogos, geólogos, antropólogos, sociólogos, ingenieros. La gente tiene que saber que la ciencia puede aportar soluciones a los problemas del país. La gente tiene que saber también que el conocimiento, en sí mismo, genera satisfacción y cambia la vida. La gente tiene que saber que los que comunicamos la ciencia somos muchos y procuramos prepararnos para llevarles mensajes claros, valiosos y emocionantes. La gente tiene que saber. La gente tiene que saber. La gente tiene que saber.”

Texto íntegro del discurso de Antimio Cruz.

Un ecosistema de comunicación de la ciencia

La gente tiene que saber que México es el segundo país de todo el mundo con más ecosistemas y microclimas, sólo después de China, pero con un territorio diez veces menor. Esta diversidad de climas tiene como efecto que también exista una gran diversidad de formas en las que los seres humanos nos hemos adaptado a nuestro entorno biológico. Así han surgido formas culturales tan diferentes que, como un solo ejemplo de su diversidad, nos permiten decir que en México se hablan 67 lenguas originales y diferentes.

Para quienes nos dedicamos a la comunicación de la ciencia, desde el periodismo o desde la divulgación, la diversidad cultural de México representa un gran reto porque nos dirigimos a públicos que son tan diferentes entre sí que una misma palabra genera diferentes significados y se integra a edificios conceptuales muy diferentes entre sí.

Es por esta diferencia entre públicos o entre receptores de mensajes, que México requiere una diversidad de comunicadores de ciencia, muy diferentes entre sí y que tienen habilidades especializadas para sus diferentes públicos. 
En la comunicación de la ciencia se requiere al reportero que escribe para la revista Forbes y va a ser leído por los directores generales de empresas que tomas decisiones sobre inversiones e innovación, pero también requieren del divulgador que elabora publicaciones como Mi primer periódico, que elaboraba la SEP y distribuía más de 600 mil ejemplares en primarias del Valle de México. Se necesita al comunicador de televisión que es capaz de transmitir, a 16 millones de personas, en 90 segundos, por qué es importante una vacuna, así como se necesita al divulgador de la ciencia que incansablemente trabaja en una ciudad azotada por la violencia y para la cual diseña y monta exposiciones que llegan a ser visitadas por decenas de miles de personas.

Todos somos importantes y todos cumplimos una función en el ecosistema de la comunicación de la ciencia.

La tarea es compleja porque antes de comunicar hay que comprender y esto requiere tiempo, esfuerzo y condiciones para, por lo menos, tener una silla y una mesa para sentarse a leer.

El hombre es un abismo que mira hacia otro abismo, decía el poeta portugués Fernando Pessoa. En el caso del comunicador de la ciencia este poema es muy pertinente porque los divulgadores de la ciencia y los periodistas de ciencia miramos hacia un territorio gigantesco y vasto que es ese continente donde habitan el conocimiento generado por la ciencia, las aplicaciones aportadas por la tecnología y la riqueza y bienestar generados por la innovación, y después tenemos que voltear y compartir esos que vimos a una población tan vasta como la que integra una mujer que trabaja en una maquiladora en Ciudad Juárez, un joven activista político de Tláhuac, un veterano microempresario que fabrica crema de rancho en Yecapixtla o un niño que sueña con ser astronauta.

No hay en México quien pueda decir que es capaz de elaborar un mensaje que todos entiendan, porque hay una gran diversidad de receptores y porque hay una gran diversidad de realidades. Por eso se requiere también una gran población de comunicadores: escritores, fotógrafos, diseñadores, especialistas en arte, que juntos formamos una especie de “masa crítica” de la comunicación de la ciencia que podría atender a más públicos, identificando los apetitos y necesidades de conocimientos que ya tienen.

Fomentar y apoyar el desarrollo de ese ecosistema de comunicadores de la ciencia es una responsabilidad de todos y el Estado Mexicano –como si se tratara de un hermano mayor- tiene parte de la responsabilidad de mantener vivo a este ecosistema.

Yo quiero agradecer mucho a Conacyt y al  Comité Organizador del Premio Nacional de Periodismo y Divulgación Científica que hayan creado y sostenido este galardón que a muchos nos da aliento y apoyo para seguir adelante, además de que nos permite tener credibilidad dentro de nuestras casas editoriales e instituciones.

En 1924 el primer secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, supo que las nuevas tecnologías deberían ser herramienta para llevar la educación, la ciencia y la cultura al mayor número de mexicanos. Por eso creó Radio Educación. Hoy vivimos una época en que las nuevas tecnologías nos permiten llegar a lugares donde antes no teníamos acceso, pero además la era digital nos permite diseñar nuevos contenidos cada vez más personalizados. Esa será una de las nuevas tareas de los comunicadores de la ciencia.
 
Todavía faltan muchos mensajes que decirle a la población en México: la gente tiene que saber que en este país hay grandes físicos, biólogos, geólogos, antropólogos, sociólogos, ingenieros. La gente tiene que saber que la ciencia puede aportar soluciones a los problemas del país. La gente tiene que saber también que el conocimiento, en sí mismo, genera satisfacción y cambia la vida. La gente tiene que saber que los que comunicamos la ciencia somos muchos y procuramos prepararnos para llevarles mensajes claros, valiosos y emocionantes. La gente tiene que saber. La gente tiene que saber. La gente tiene que saber.

Muchas gracias. 
Antimio Cruz Bustamante. 5 de diciembre de 2014.
Ciudad de México, Distrito Federal.

Nota del editor:
Crédito de la imagen: Víctor Abreu.

 

 


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